Prime Minister's Office of Spain

04/10/2026 | Press release | Archived content

Intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el European Pulse Forum 2026

Barcelona

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Buenas tardes.

En primer lugar, quisiera dar las gracias al presidente, mi querido amigo Salvador Illa. Por supuesto, también al presidente Aragonés que nos acompaña en esta en esta sesión, al vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Estrategia Industrial de la Comisión Europea, al delegado del Gobierno, al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, al presidente de la Fundación de La Caixa, al CEO de POLITICO, al Senior Executive Editor de POLITICO también, por supuesto, al presidente de beBartlet. En fin, veo amigos y amigas de distintas áreas, empresas, responsables institucionales, consellers también de la Generalitat.

Señoras y señores, es un verdadero placer para mí poner punto y final a este estupendo foro sobre el futuro de Europa organizado por POLITICO y por beBartlet. O, mejor dicho, yo diría que un punto y seguido, porque espero que esta sea la primera edición, como aquí se ha dicho por parte de los representantes, de otras muchas que vengan en el futuro.

Creo, además, que es una gran noticia el que, por fin, un medio de comunicación del rigor y de la influencia… Que, por cierto, todos debemos… al menos, yo soy uno de los que lee ese Playbook diario, de POLITICO extienda su actividad a nuestro país, a España, porque creo que de alguna manera también es importante tener esa visión del sur de Europa cuando tratamos temas europeos.

POLITICO es una referencia en la cobertura y en el análisis de la política global, pero también, por supuesto, a la política europea y con su valor ayuda a construir una Europa mejor.

Paso a la intervención y quisiera hacerlo además con una breve anécdota de un escritor argentino, Martín Caparrós, que escribe en su libro El Hambre. Martín Caparrós cuenta que en una aldea remota conversaba con una persona muy pobre. Y le hizo una pregunta muy sencilla: si pudiera pedir un deseo, cualquier cosa, ¿qué pediría?

La respuesta de esta persona fue inmediata. Él pidió una vaca. Una vaca.

Bueno, Caparrós insistió: cualquier cosa, lo que usted quiera.

Y la persona dudó brevemente y respondió. Dos vacas. Dos vacas, nada más.

Evidentemente, aquel hombre estaba sentado sobre una estera de rafia bajo un techo de paja. Su horizonte era tan limitado que no sabía siquiera qué pedir, qué desear. Por tanto, no era falta de inteligencia, era la imposibilidad de imaginar un futuro diferente.

¿Por qué cuento esta anécdota? Porque yo creo que a la Europa de hoy le pasa algo semejante. La Europa de hoy se parece demasiado a ese hombre porque solo sueña con tener dos vacas.

Pero creo que no debe ser nuestro caso. Lo más grave no es solo que soñemos en pequeño, es que no hay ninguna razón objetiva para hacerlo.

La Unión Europea, y sin caer en autocomplacencias, ni por supuesto olvidar los deberes pendientes que tenemos. Y, desde luego estudiaremos y leeremos las conclusiones de este importante foro, la Unión Europea se asienta sobre los cimientos más sólidos de prosperidad de estabilidad y de integración que ha conocido en la historia.

Por tanto, tenemos los recursos, tenemos las instituciones, tenemos el talento y tenemos los principios, los valores.

Lo que nos falta es atrevernos a imaginar hasta dónde podríamos llegar o podemos llegar juntos.

Y por eso quiero hoy hablarles precisamente de eso, de que nos atrevamos, de que recuperemos de alguna manera la ambición del europeísmo, no para gestionar lo que ya existe. Eso se puede hacer. Vendrán crisis, no vendrán, pero se puede hacer. Gestionar no es la cuestión, o no es exclusivamente la cuestión, sino que tenemos que alcanzar lo que nos hace falta. Y eso es, en definitiva, lo que España defiende cada vez que va a Bruselas a aportar en esa construcción europea.

El que Europa recupere y refuerce su lugar en el mundo desde la ambición y desde la valentía, con capacidad de soñar y de hacer realidad esos sueños, por difícil que parezca como se atrevieron, por cierto, a hacer los fundadores de la hoy Unión Europea.

La pregunta primera que habría que hacerse es ¿por qué España defiende esta Europa posible, esta Europa deseable? Bueno, primero porque somos plenamente conscientes de lo que está en juego.

Para aquellos que a lo mejor no tengan un conocimiento de la historia española tan desarrollado o elaborado como podamos tener los españoles y españolas, nosotros fuimos un país que llegó tarde a la cita europea. Fuimos junto con Portugal, una de las últimas democracias de la Europa occidental en incorporarnos a este gran proyecto que es Europa.

Por aquel entonces, en 1986, aún luchábamos por consolidar nuestra libertad. Nuestra economía buscaba su lugar en un mundo cada vez más competitivo y nuestra sociedad seguía pagando el precio de décadas de aislamiento.

Han pasado ya cuatro décadas y hoy el panorama es radicalmente diferente. Somos una democracia consolidada. Crecemos más que ninguna otra gran economía de la zona euro, con cifras, por cierto, récord, desde el punto de vista del empleo. Mejoramos los salarios. Hemos reducido la desigualdad, que es el principal talón de Aquiles de cualquier sociedad, también la española. La pobreza también está en mínimos históricos.

Mientras es evidente que existe una atracción por parte de los inversores extranjeros hacia España, hacia Cataluña, muy evidente como se está viendo en estos últimos años.

Y lo hemos hecho, además haciendo de la transición ecológica no un freno, sino un motor de competitividad y de desarrollo económico de nuestro país.

Creo que además antes lo comentaba con algunos de los patrocinadores de este importante foro, si algo hemos aprendido de las sucesivas crisis energéticas que nos vienen azotando a la clase media y trabajadora europea, por supuesto, también a los gobiernos que representan a esa clase media trabajadora es que, tras Ucrania e Irán, la seguridad y la prosperidad de nuestras sociedades pasa por electrificar nuestras economías y apostar, por tanto, por el impulso de las renovables.

Solamente un dato para que seamos conscientes, en estos difíciles años que llevamos en Europa, también en España, de lo que hemos logrado conjuntamente: en 2018, en 2018, es decir, antes de ayer, el 46% de la potencia instalada en España era renovable, el 46%, siete años después, alcanza el 69%.

Y, gracias a ello, ¿qué es lo que ha ocurrido? Que el precio de la electricidad en nuestro país en el año 2025 fue un 35%, un 35%, inferior a Alemania y un 50% inferior a Italia.

Solo en el año 2024, nuestras familias, las empresas españolas, también las catalanas, han ahorrado en conjunto 23.000 millones de euros. 23.000 millones de euros.

No apelo a estas cifras para dar lecciones a nadie, pero sí para señalar un camino que puede ser útil para los muchos socios que están sufriendo ahora mismo el embate de estas crisis energéticas, que desde luego nos vienen de fuera y no son provocadas por los europeos.

Por tanto, lo que quiero decir es que hay elementos del modelo español que funcionan, que se puede crecer y crear empleo estable, que se puede distribuir la riqueza y también proteger el medio ambiente sin renunciar a uno en beneficio de los otros.

Yo creo que es un modelo de éxito que nunca hubiera sido posible en el caso de España, en el caso de Cataluña, sin el paraguas, sin nuestra pertenencia a Europa.

Por eso somos muy conscientes de lo que está en juego cuando vemos lo que está sucediendo en Ucrania, cuando vemos lo que está sucediendo en Oriente Medio, cuando vemos también las guerras comerciales que unilateralmente se abren contra Europa. Sabemos lo que está en juego, que es la fortaleza del proyecto europeo.

Los españoles no sabemos y por eso, como antes se ha comentado, estamos entre los más europeístas. Lo confirma una de las distintas encuestas publicada, por cierto, hoy. El 76% de los europeos cree en una forma de vida común europea que merece además la pena de ser defendida. El 76%. Pero, en el caso de los españoles, esa cifra asciende al 81%.

Y ese compromiso se vive con especial intensidad aquí en Cataluña, con un presidente como Salvador Illa. Por supuesto, también el president Aragonés hizo lo propio, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni… que encarnan esa vocación europeísta que también ha tenido la población y la sociedad catalana. Por tanto, defendemos desde Cataluña y desde España Europa, porque ya no concebimos otra forma de ser, tampoco de estar en el mundo.

Y, precisamente por eso, ese modelo de la España de hoy y de la Cataluña de hoy es el modelo de la Europa que también queremos para el resto de nuestros conciudadanos más allá de los Pirineos. Porque yo creo que es fácil, además, ahora, en estos, en estos tiempos, caer en la tentación de pensar que en un mundo cada vez más tensionado, la solución es replegarse.

Que, ante las guerras y los ataques, las violaciones flagrantes que se hacen al derecho internacional, lo que debamos hacer es resignarnos, callarnos, mirar para otro lado.

Que, frente al uso del comercio o de la tecnología como armas contra, vamos a decir, supuestos socios, la respuesta sea levantar barreras y que, ante el auge de las fuerzas reaccionarias, debamos asumir su marco de debate e incluso también las formas de hacer política que tienen esas fuerzas reaccionarias.

Es fácil pensarlo. Yo diría que es, además, hasta lo más cómodo. Pero es un inmenso error, porque precisamente es la lucha contra esas fuerzas lo que está en el origen de lo que hoy es la Unión Europea.

Porque fue precisamente el anhelo de una paz definitiva lo que nos hizo unirnos y avanzar. Fue la necesidad de la reconstrucción de ese proyecto europeo, o de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, la que nos llevó a abrirnos al mundo, y fue la amenaza de los reaccionarios la que nos empujó a construir sociedades mucho más cohesionadas, mucho más justas y mucho más democráticas.

Por tanto, Europa no nació del repliegue. Nació del coraje político de aportar a un mundo en transformación sus valores de paz, de democracia, de solidaridad y de justicia social, de la convicción de que creando lo que Schuman llamó "solidaridades de hecho", construyamos un futuro mejor.

Javier Solana, el anterior o uno de los Altos representantes de la Unión Europea, hablaba precisamente de esa Europa como fuerza para el bien. Yo creo que es algo que tenemos que mantener en mente ahora que estamos viendo lo que estamos viendo en muchos rincones del mundo y particularmente en los bordes de Europa.

Las fuerzas reaccionarias repiten una y otra vez que Europa se está quedando atrás, que ha perdido el pulso del mundo e, incluso, yo creo que es algo bastante expandido en muchísima gente que no comparte ese ideario, que Europa ha perdido el pulso, que se está quedando atrás. Pero, si nos detenemos en esa frase, e insisto, sin caer en la autocomplacencia y siendo muy consciente de que tenemos que hacer muchos deberes, si medir el éxito de un modelo es medir el bienestar de su gente, yo creo que Europa no es el problema, sinceramente. Es la referencia. Y no hay más que viajar fuera de Europa para ser conscientes de lo que estoy diciendo.

Algunos datos, que creo que además pueden consolidar esta afirmación que estoy haciendo: de los 20 países con mayor esperanza de vida del mundo, de los 20 países con mayor esperanza de vida del mundo, 15 están en Europa. 15 de 20.

De las 31 democracias consolidadas del planeta, 20 son europeas. 20 de 31.

Somos el continente donde más ciudadanos dicen gozar de buena o muy buena salud, donde la mortalidad infantil es la más baja, donde hay menor desigualdad, donde mejor se protege el medio ambiente. Y sí, también donde es más seguro salir a la calle. Y no hay más que viajar fuera de Europa para darse cuenta efectivamente de qué estoy hablando.

Por todo ello, yo creo que los europeos somos de forma consciente los más satisfechos con nuestra vida. Si me permiten la expresión, "it feels good to be European".

Pero es que, además, Europa no solamente es bienestar para sus ciudadanos. Es confianza, es predictibilidad, es estabilidad para con el resto del mundo en este tiempo tan incierto que vivimos. Un tiempo de guerras en lugares que no son lejanos ni tampoco ajenos, como es Gaza, como es Cisjordania, como es Irán, como es el Líbano, en el que Europa representa una esperanza para la paz.

Por eso yo creo que, en un momento de retroceso en la solidaridad global como es el actual, es importante que, desde Europa, sus líderes, al igual que esperan y desean sus ciudadanos, los ciudadanos europeos, mantenga un compromiso con la cooperación. Que no mire para otro lado, que no se ensimisme, sino que comparta, que se involucre, que trate de encontrar soluciones a los distintos desafíos globales que tiene ante sí la humanidad.

Esa yo creo que debe ser la realidad en un periodo de desafíos y de barreras, por ejemplo, en el ámbito comercial, en el que Europa lo que tiene que hacer es seguir estando abierta y siendo un socio fiable. Un momento en el que el retroceso de la solidaridad global lo que tiene que hacer de Europa no solamente es rearmarse para hacer frente a sus problemas de seguridad y de defensa, sino también rearmarse en lo moral para poder contribuir al desarrollo estable y de paz en el conjunto del mundo.

Esa, a mi juicio, es la realidad. Europa es el referente al que el mundo mira y es el actor que el mundo yo creo que necesita ahora más que nunca.

Durante décadas hemos sostenido este modelo apoyándonos en dos pilares externos. Uno es el de la arquitectura de seguridad, garantizada por medio de nuestra participación en la OTAN, y, por otro, un sistema económico abierto basado en cadenas globales y relaciones comerciales estables. Es evidente que ambos pilares ahora mismo están siendo fuertemente cuestionados.

Europa, por tanto, lo que tiene que hacer es adaptarse. Y yo creo que ese debe ser nuestro sueño: que la Europa de hoy sea capaz de responder a las necesidades de hoy, pero también sobre todo a las necesidades del mañana. Sin renunciar por supuesto a lo que somos, reafirmando nuestro modelo y construyendo por tanto un futuro mejor. Una Europa más integrada, más soberana, que decida por sí misma y que no tenga esa dependencia que tiene hoy de terceros actores, sin una voz propia en el ámbito internacional.

Porque yo creo que, en el mundo de hoy, nuestra autonomía, y además quiero resaltarlo, abierta no es una opción, es una condición indispensable para nuestra supervivencia política, económica y también social.

En fin, esta Europa de la que les hablo no se construye solo con sueños o declaraciones, se construye con visión, pero también con decisiones políticas de calado.

Y por eso me gustaría apuntar tres prioridades que tampoco les van a resultar ajenas, pero que, desde luego, por parte del Gobierno de España estamos trabajando porque se materialicen en este mandato, en esta legislatura europea.

La primera es evidente. Lo que tenemos que hacer es avanzar en una verdadera política exterior y de seguridad y de defensa común.

Creo que es importante la política de defensa, la política de seguridad, de la cual hablaré ahora, pero, singularmente, también la política exterior, una política exterior común Porque es tan importante la diplomacia como lo es también, por supuesto, la seguridad y la defensa.

Bueno, yo creo que habrán escuchado ustedes cuál es el planteamiento de España. Nosotros estamos listos para avanzar hacia un ejército europeo común. No en diez años, no en dos años, sino ya, mañana mismo, si me permiten la expresión coloquial.

Y quienes creen que, por cierto, esta decisión es opcional, se equivocan. En el mundo en el que estamos hoy, potencias medias, que son las que componen la Unión Europea, solo tenemos una forma de hacernos valer desde el punto de vista de la seguridad y la defensa, y es construir una defensa común y asumir juntos nuestras vulnerabilidades. O si no, lo que vamos a hacer es permitir que otros utilicen esas vulnerabilidades y esas debilidades contra nosotros.

Para que la unión de la política exterior y de seguridad y defensa sea una realidad, lo que debemos hacer es ese segundo pilar al que quiero hacer referencia: crecer. Tenemos que crecer, tenemos que crecer mucho más de lo que está creciendo Europa durante estos últimos diez, quince años.

Y eso tiene muchos matices, tiene muchos ángulos. A mí me gustaría centrar mi intervención en algunas de las cuestiones que seguro el ex primer ministro Letta ha planteado en su coloquio, en su diálogo con ustedes, y es el potenciar el mercado interior y también ganar en soberanía financiera como claves para reforzar esa esa competitividad .

Creo que es importante también financiar bienes públicos europeos, avanzar con instrumentos comunes de financiación. En definitiva, no me quiero tampoco extender, pero sí quiero garantizarles el compromiso del Gobierno de España por que estas sean decisiones que se tomen y que se materialicen durante este mandato, antes de que termine el año 2029, el mandato de la actual presidencia de la Comisión Europea y del colegio de comisarios.

Una última cuestión que quizá no sé si ha sido tan tratada como prioridad, como pilar fundamental para el presente y el futuro de Europa, es que no puede haber una Europa fuerte y competitiva si no es una Europa también cohesionada.

Y ese es el tercer pilar. Y además tiene que ser activo. Tenemos que construir y fortalecer el pilar social. Reforzar el pilar social es una condición indispensable para sostener nuestro proyecto comunitario, porque sin pilar social no habrá Europa.

¿Eso qué significa? Significa, por ejemplo, lo que estamos desde España proponiendo: que en las nuevas negociaciones del marco financiero plurianual vayamos, ahora que están de moda los porcentajes en determinados gastos, bueno, pues por qué no un 2% de la renta nacional bruta disponible del presupuesto comunitario. Creo que eso es un objetivo que deberíamos marcarnos y que deberíamos fijarnos.

Y cuando hablamos del pilar social, desde luego, el acceso a la vivienda es, probablemente no, junto con el empleo, la principal preocupación de nuestros conciudadanos.

Solamente algún dato para corroborar esto que estoy diciendo, y que, además, en esta ciudad, en la ciudad de Barcelona, junto con otros alcaldes y alcaldesas de otras ciudades europeas, el alcalde Collboni ha venido liderando durante estos últimos meses, estos últimos años.

En los últimos quince años, los precios de la vivienda han subido un 60% en compra, un 60%, y un 28% en alquiler. En ciudades como Lisboa, como Budapest o como Madrid, muchas familias destinan más del 70% de sus ingresos a la vivienda.

Esto es absolutamente inaceptable y, por tanto, si es un problema europeo, que están sufriendo todos los ciudadanos europeos, o la mayor parte de ellos, tenemos que poner en marcha a escala europea distintos planes de acción.

Yo creo que el Plan Europeo de Vivienda Asequible es un primer paso, pero creo que tenemos que ser mucho más concretos y que tenemos que ser mucho más ambiciosos, con medidas claras que lleguen a la gente.

Bueno, estas son nuestras prioridades, la forma de estructurar esa Europa que soñamos, con una política exterior de seguridad y defensa común, un mercado y un marco financiero común, un pilar social central en tiempos de incertidumbre. No me quería extender mucho más en esta cuestión, pero sí hacerlo a partir de dos principios irrenunciables que quisiera compartir con ustedes para acabar ya esta intervención.

La primera, como he dicho antes, es que la Unión Europea es un proyecto de apertura al mundo, y así tiene que continuar siendo: abierta al comercio, al talento, a las ideas. Cerrar Europa es, simplemente, empobrecerla en el presente y en el futuro.

De ahí que el Gobierno de España, por supuesto, apueste y apoye los acuerdos con el Mercosur, reforzar los lazos con India, con el continente africano, o también -¿por qué no?- con Estados Unidos y con China. A este país voy a ir cuando termine esta intervención.

También por una migración legal, segura, ordenada, que nos permita aprovechar las oportunidades y gestionar mejor nuestros desafíos.

Y, en segundo lugar, una Europa que sea firme en la defensa del derecho internacional y de un orden global basado en reglas.

No podemos quedarnos solamente con el lamento, la frustración. Basta con mirar a Gaza para ver cuáles son las consecuencias de esta violación que se está haciendo del derecho internacional.

Por eso, desde Europa también debemos ser claros, porque hay muchos países de ese llamado sur global que están mirando a Europa y que lo que quieren es que no cometamos esto de los dobles estándares, de la doble vara de medir en función de cuál sea el caso, si afecta más o menos a Europa.

No permitamos una nueva Gaza en el Líbano. Porque ante violaciones flagrantes del derecho internacional humanitario, Europa tiene que actuar con coherencia si queremos, además, también que el resto del mundo nos mire y nos apoye en el apoyo que estamos dando y prestando a Ucrania en su lucha por la libertad frente al invasor, en este caso, la Rusia de Putin.

Y por eso ayer el Gobierno de España y yo mismo planteé el que, por coherencia, y también por empatía, lo que tiene que hacer la Unión Europea es suspender su acuerdo de asociación con Israel, porque es evidente que está atropellando y violando muchos de los artículos de ese acuerdo de asociación, sobre todo aquellos vinculados con el respeto al derecho internacional y al derecho humanitario.

En definitiva, señoras y señores, amigos y amigas, esta es la Europa que España defiende. Una Europa autónoma, que decide por sí misma, que protege a sus ciudadanos, pero que tampoco renuncia a ser un faro, un ejemplo, en un mundo en transformación. Una Europa que no espera, porque no necesitamos unanimidad para avanzar, necesitamos voluntad, voluntad política. Y, en ese sentido, España, por supuesto, está preparada para dar ese paso junto con otros muchos países europeos.

Concluyo. Aquel hombre del relato de Martín Caparrós, con el cual he abierto esta intervención, había perdido la capacidad de soñar. Había perdido la capacidad de soñar. Europa no tiene ningún motivo para hacerlo. Si lo pensamos bien, no tiene ningún motivo para perder su capacidad de soñar. Nosotros sabemos que es posible. Hemos cultivado esa capacidad juntos durante décadas, con esfuerzo y también con muchísimo coraje.

Los españoles, las españolas, los catalanes, catalanas, llegamos tarde a ese gran proyecto colectivo que era y es Europa. Llegamos con heridas que Europa nos ayudó a sanar. Y, al hacerlo, creo que nos dio la oportunidad de transformarnos, de hacer nuestro sueño realidad.

Por eso creo que nuestra responsabilidad como catalanes, como españoles, es doble, si me permiten: defender lo que tenemos y atrevernos a imaginar, a construir lo que aún podemos ser.

Y a mí no me cabe duda de que el futuro que le espera a Europa, a España y a Cataluña es un futuro brillante.

Nada más, y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en español)

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