05/05/2026 | News release | Archived content
Hugo Rosas, Marco Arias y Sebastián Sánchez, estudiantes de octavo semestre de Ingeniería en Biotecnología del Tec campus Estado de México, están apostando por una solución sustentable frente a los plásticos de un solo uso.
A través del aprovechamiento de residuos orgánicos, han desarrollado un prototipo de bioplástico como una alternativa amigable con el ambiente, gracias al mucílago, una sustancia proveniente del nopal que coloquialmente es conocida como la baba.
De acuerdo con los estudiantes, el mucílago tiene propiedades ideales para la creación de biopolímeros. Sumando el uso de residuos, como la cáscara de papa, desarrollaron un producto que se integra en la economía circular.
La economía circular es un modelo de producción y consumo que busca minimizar los residuos al extender lo más posible el tiempo de vida de materiales y productos, regenerando los sistemas naturales y reduciendo el impacto ambiental.
De izquierda a derecha: Sebastián Sánchez, Marco Arias y Hugo Rosas, estudiantes de Biotecnológia en el Tec campus Estado de México. Foto: Lía Mejía.Los 3 alumnos iniciaron a trabajar el proyecto dentro de su concentración, fue allí donde decidieron ir más allá. "Buscamos alternativas para plásticos desechables y encontramos en el nopal un recurso con gran potencial", explicaron.
Sin embargo, el desarrollo de su idea no fue inmediato. Los estudiantes destacan que lo logrado hasta ahora ha sido el resultado de varios meses de investigación, análisis de costos y viabilidad, estudios de mercado y, sobre todo, colaboración con otras áreas.
"No solo se trata de tener una buena idea, sino de volverla viable técnica y económicamente", señaló Marco.
Durante la etapa experimental, realizaron una variedad de ensayos para ajustar variables como temperatura, pH y distintos tiempos de secado de su biopolímero.
Esto les permitió identificar formulaciones específicas que tuvieran la resistencia necesaria para fabricar cubiertos desechables.
El proceso presentó retos relacionados con el alto consumo energético, la optimización de la materia prima y la inversión requerida para la fase final que daría forma al producto.
De acuerdo con Sebastián, las complicaciones les enseñaron a tener paciencia durante la elaboración de los cubiertos.
Proceso de moldeado de los cubiertos hechos con el bioplástico desarrollado por los estudiantes a partir del mucílago de nopal. Foto: cortesía de Marco Arias.La propuesta surge como respuesta directa al impacto ambiental de los plásticos de un solo uso, responsables de gran parte de la contaminación en ecosistemas y de la generación de microplásticos.
Estos microplásticos, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS), están presentes incluso en el agua y pueden afectar la salud humana.
En contraste, el bioplástico desarrollado por los estudiantes puede degradarse en 15 días bajo condiciones de composta, lo que lo convierte en una alternativa más amigable con la naturaleza.
"Realmente es una alternativa sustentable para las personas que consumen mucho este tipo de productos", aclaró Hugo.
Marco Arias trabajando en uno de los laboratorios del Tec campus Estado de México. Foto: Lía Mejía.A pesar de que se encuentran en etapa de desarrollo, los estudiantes visualizan aplicaciones más allá de los cubiertos desechables. Entre ellas destacan envases, productos de consumo, e incluso filamentos para impresión 3D.
No obstante, reconocen que competir contra los plásticos tradicionales representa el mayor desafío hasta ahora, especialmente por la escala de producción y los costos. Por ello, consideran que su innovación podría posicionarse inicialmente en un sector local.
"Este bioplástico ofrece una alternativa sustentable para las personas y el planeta".- Hugo Rosas.
"Innovar con propósito es pensar en las futuras generaciones, aunque nosotros no veamos todos los resultados", señaló Sebastián.
Como consejo para otros estudiantes interesados en emprender de manera sostenible, los estudiantes recomendaron apoyarse en profesores y expertos, así como confiar pacientemente en el proceso.
"Tengan la confianza de acercarse con sus profesores y confíen directamente en que su idea realmente puede transformar el mundo", concluyó Marco.
Para los alumnos del Tec en Estado de México, este proyecto no solo demuestra el potencial de la biotecnología para resolver problemáticas ambientales, sino que también resalta el papel de los jóvenes en la construcción de un futuro más sostenible.
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