03/27/2026 | News release | Distributed by Public on 03/27/2026 11:53
¿Quién tiene el poder en la era de la automatización? Bajo esta pregunta, Michael Hardt compartió su perspectiva a profesores y estudiantes en el marco del 35 aniversario de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (LRI) en el Tec campus Estado de México.
Hardt es profesor en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos, donde ha sido reconocido por sus aportaciones al estudio del poder, la globalización y las nuevas formas de organización social, además de desempeñarse como teórico político.
En un contexto donde la inteligencia artificial (IA) y la tecnología transforman el mundo laboral, Hardt invitó a repensar la relación entre humanos, máquinas y sistemas económicos, centrándose en las implicaciones sociales de los avances tecnológicos.
"Para establecer relaciones efectivas, es necesaria la humanidad y el hábito humano. El mundo no está hecho para las máquinas, las máquinas las hemos desarrollado nosotros", subrayó.
Michael Hardt durante su conferencia magistral Labor and the Automation of Intelligence en el Tec campus Estado de México. Foto: AM Studios.Durante su conferencia magistral: Labor and the Automation of Intelligence, el también coautor de obras como Empire y Commonwealth brindó 4 ideas clave para entender la relación entre poder, tecnología y trabajo.
Para Michael Hardt, la automatización no puede entenderse únicamente como un avance técnico orientado a la eficiencia, sino como una herramienta que históricamente ha sido utilizada para reorganizar el poder dentro del sistema productivo.
En este sentido, explicó que cada ola de innovación, desde la mecanización industrial hasta la inteligencia artificial, ha tenido efectos directos en la capacidad de negociación de las y los trabajadores.
La automatización en masa, señaló, no solo sustituye tareas, sino que reduce márgenes de autonomía y debilita estructuras colectivas.
"Debemos ser capaces de distinguir entre sujeto y objeto. El principal problema es que estamos invirtiendo más en objetos que en las personas, lo que reduce el poder del trabajador y aumenta el de la máquina", dijo Hardt.
Aunque reconoció que la tecnología también genera nuevos empleos, advirtió que estos suelen estar marcados por una menor capacidad de incidencia. Es decir, no desaparece el trabajo, pero sí se fragmenta, lo que conlleva un menor poder político.
Desde esta perspectiva, la pregunta clave no es cuántos empleos se crean o se pierden, sino quién gana poder en el proceso.
Otro de los planteamientos de Hardt fue el cambio en la relación entre el ser humano y sus herramientas. Retomando ideas que se remontan al siglo XIX, explicó cómo se ha invertido una lógica que antes parecía natural.
Dijo que si en otros momentos históricos las herramientas eran extensiones del cuerpo y la voluntad humana, hoy los sistemas tecnológicos, especialmente aquellos basados en datos y algoritmos, tienden a estructurar el trabajo, definir ritmos y limitar decisiones.
De acuerdo con el académico, este cambio implica que, en muchos casos, el trabajador ya no utiliza la herramienta, sino que opera dentro de un sistema que impone condiciones previamente diseñadas.
Para Hardt, entender esta inversión es fundamental, señalando que no se trata solo de una cuestión filosófica, sino de un punto clave para analizar las nuevas formas de control en el trabajo contemporáneo.
"Si queremos entender qué formas de trabajo pueden emerger de los cambios e implementación de la automatización podemos voltear a ver el pasado", refirió.
Tras su conferencia, Michael Hardt compartió un momento con estudiantes. Foto: AM Studios.Frente a este panorama, Hardt no plantea una visión pesimista, sino una oportunidad de reconfiguración. En su análisis, el valor del trabajo actual no reside únicamente en la producción material, sino en las capacidades intelectuales y creativas de las personas.
A este fenómeno lo denomina: intelectualidad en masa, una forma de inteligencia colectiva que produce valor a partir del conocimiento, la colaboración y la experiencia acumulada.
Este valor, a diferencia del industrial, no es fácilmente cuantificable, pues se centra en las cualidades y capacidades colectivas, las cuales subrayó, son transferibles entre sectores.
Es decir, no están atadas a una sola tarea o industria, lo que abre la posibilidad de pensar en nuevas formas de organización del trabajo más flexibles y dinámicas.
En este contexto, las redes y la conectividad juegan un papel clave, permitiendo no solo nuevas formas de producción, sino también nuevas formas de cercanía y articulación social, lo que puede fortalecer esta inteligencia colectiva.
Josefina Cortés, decana regional de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno para los campus del Tec en la Ciudad de México. Foto: AM Studios.Más allá del ámbito económico o político, Hardt llevó la discusión a un terreno más humano. Señaló que uno de los efectos más significativos de la automatización es la transformación o desaparición de hábitos cotidianos.
"Los hábitos humanos son los que dan ritmo, sentido y satisfacción a la vida. Por ello, la pérdida de ciertas formas de trabajo no solo implica un cambio productivo, sino también una alteración en la experiencia humana", expresó Hardt.
Con esta premisa, el profesor de la Universidad de Duke planteó una pregunta: si la tecnología permite realizar tareas complejas con resultados perfectos, ¿qué lugar queda para el intelecto humano que es imperfecto por naturaleza?
Para Hardt, la respuesta no está en competir con las máquinas, sino en reafirmar aquello que nos hace humanos: la capacidad de construir relaciones, generar significado y habitar el mundo a través de experiencias.
"El mundo no está hecho para las máquinas, las máquinas las hemos desarrollado nosotros".- Michael Hardt.
Michael Hardt cerró su mensaje remarcando la importancia de que los trabajadores conozcan a profundidad sus herramientas y transformen sus hábitos para así transformar los sistemas tecnológicos e inclinar la balanza de poder hacia el sujeto.
Durante el evento, Josefina Cortés, decana regional de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno para los campus del Tec en la Ciudad de México, destacó el valor del pensamiento colectivo como eje en la academia:
"Celebramos este encuentro de la mano de la reflexión y de un debate bien informado. Cuando se trata de la academia, debemos trabajar en 3 dimensiones: conocer, ser y saber hacer ", concluyó Cortés.
La conferencia magistral: Labor and the Automation of Intelligence, formó a su vez parte de los eventos celebrados en el marco del 50 aniversario de presencia universitaria del Tec en la Ciudad de México.
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