08/17/2026 | Press release | Distributed by Public on 08/17/2026 08:46
Uno de cada cuatro adolescentes de 13 a 17 años en America Latina y el Caribe dice haber sufrido acoso escolar. El nuevo recurso destaca las consecuencias del bullying y el ciberbullying para la salud y ofrece herramientas prácticas para prevenirlos y abordarlos.
Washington, DC, 17 de agosto de 2026 (OPS)- La Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentó el kit Qué funciona para prevenir el acoso y el ciberacoso de niños, niñas y adolescentes en las Américas, un recurso que reúne evidencia, recomendaciones y herramientas prácticas para prevenir y responder a estas formas de violencia que afectan a millones de niños, niñas y adolescentes en la región.
El kit analiza la magnitud del acoso escolar y del ciberacoso, sus consecuencias para la salud y el bienestar, y las intervenciones que han demostrado ser eficaces para prevenirlos y abordarlos desde los sectores de salud, educación, protección social y otros ámbitos. También destaca el papel del sector de la salud en la detección temprana, la atención integral y el acompañamiento de niños, niñas y adolescentes afectados.
"El acoso durante la infancia y adolescencia es una forma de violencia entre pares que puede tener consecuencias importantes para la salud física, sexual, mental y emocional", señaló Britta Baer, asesora regional en prevención de la violencia y lesiones de la OPS y coautora de la guía. "La buena noticia es que pueden prevenirse. Contamos con evidencia sobre qué funciona y este kit busca acercarla a quienes toman decisiones, trabajan con adolescentes o acompañan su desarrollo".
Según los datos incluidos en el kit, aproximadamente uno de cada cuatro adolescentes de 13 a 17 años en América Latina y el Caribe dice haber sufrido acoso escolar en el último mes, aunque la prevalencia varía según el país o la subregión. Mientras que, en Centroamérica, alrededor del 23% de los estudiantes señalan haber sufrido acoso, en América del Sur alcanza el 30%.
El acoso puede adoptar distintas formas, que con frecuencia se presentan de manera simultánea, entre ellas el acoso físico, verbal, sexual y social. Las formas de violencia pueden diferir según el sexo: el acoso físico tiene mayor prevalencia entre los niños, mientras que el acoso social y sexual afecta en mayor medida a las niñas, con distintos impactos y patrones de búsqueda de ayuda.
En los últimos años, el crecimiento del uso de tecnologías digitales ha transformado la forma en que se manifiesta la violencia entre pares. El ciberacoso ocurre cuando una persona es acosada, amenazada o humillada a través de medios digitales como redes sociales, mensajería instantánea, videojuegos en línea, foros o plataformas digitales.
En algunos países de la región, entre aproximadamente el 7% y el 27% de niños, niñas y adolescentes afirma haber experimentado ciberacoso en los últimos 12 meses, con prevalencias más altas en las niñas.
A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso puede ocurrir en cualquier momento, difundirse rápidamente y llegar a grandes audiencias. Además, el anonimato y la permanencia de los contenidos en internet pueden amplificar sus efectos y dificultar su control.
La OPS subraya que el ciberacoso no ocurre de manera aislada. Con frecuencia refleja, amplifica o prolonga dinámicas de violencia que también se producen fuera de internet, especialmente en el ámbito escolar. También puede interactuar con otras formas de violencia digital, como la difusión de información personal sin consentimiento, la suplantación de identidad, el abuso basado en imágenes o distintas formas de control digital.
La violencia en general, y el acoso en particular, son determinantes fundamentales de la salud y el bienestar de niños, niñas y adolescentes. El acoso y el ciberacoso pueden afectar seriamente la salud y el desarrollo, y se asocian con mayores riesgos de depresión, ansiedad, estrés traumático, aislamiento social, trastornos del sueño, autolesiones, ideación suicida e intentos de suicidio, además de impactos negativos en la trayectoria educativa y social.
Los estudios citados en el kit muestran que los estudiantes que sufren acoso reportan con mayor frecuencia sentimientos de soledad, dificultades para dormir e ideación suicida que quienes no lo experimentan.
El acoso también puede tener consecuencias para la salud física y sexual y reproductiva, incluidas lesiones, síntomas somáticos, dolor crónico, trastornos del sueño y situaciones de coerción o presión sexual. Estas consecuencias muestran por qué la respuesta no puede limitarse al ámbito escolar y requiere la participación de los sistemas de salud.
El documento también advierte que las distintas formas de violencia pueden entrecruzarse y potenciarse mutuamente: la violencia puede comenzar en el entorno digital y continuar en persona, o iniciarse en persona y magnificarse a través de medios digitales. Por ello, la intervención temprana es clave para romper ciclos de violencia y reducir riesgos a lo largo de la vida.
Cambios repentinos de comportamiento, ansiedad, irritabilidad, aislamiento social, lesiones sin explicación aparente o rechazo a asistir a la escuela pueden ser señales de que un niño, niña o adolescente está sufriendo acoso.
En el caso del ciberacoso, también pueden observarse cambios abruptos en el comportamiento durante o después de usar dispositivos digitales, el cierre repentino de pantallas cuando se acerca un adulto y la reticencia a hablar sobre actividades en internet.
La OPS destaca que los servicios de salud pueden ser un punto de contacto clave para detectar estas señales, ofrecer apoyo inicial y derivar a servicios especializados cuando sea necesario.
El kit recomienda que el personal de salud incorpore preguntas sobre el entorno escolar y digital durante las consultas, identifique señales de alerta, evalúe posibles efectos sobre la salud mental y brinde apoyo inicial a niños, niñas y adolescentes afectados. También destaca la importancia de orientar a las familias sobre el uso seguro de las tecnologías y coordinar con escuelas y otros sectores para garantizar una respuesta integral.
"Lo más importante es que niños, niñas y adolescentes sepan que el acoso y el ciberacoso no son situaciones aceptables y que no tienen que enfrentarlas sin apoyo", sostuvo Baer. "Buscar ayuda de una persona de confianza y utilizar los canales disponibles para denunciar estas situaciones puede marcar una diferencia importante", destacó.
La OPS enfatiza que muchos actores pueden y deben contribuir a abordar el acoso. La colaboración con las y los jóvenes es central. El kit destaca la importancia de fortalecer las redes de apoyo, incluido el apoyo entre pares, y promover habilidades socioemocionales como factores protectores. Recomienda a madres, padres y cuidadores mantener una comunicación abierta con niños, niñas y adolescentes, prestar atención a las señales de acoso, estar en contacto con el centro educativo cuando sea necesario y establecer acuerdos sobre el uso seguro y responsable de internet y dispositivos móviles.
Los sectores de salud, educación y otros, así como los distintos niveles de gobierno, deben colaborar para desarrollar e implementar respuestas a la violencia basadas en la evidencia. Además, el kit subraya el papel del sector privado -especialmente de las plataformas digitales- en la colaboración con el gobierno y las comunidades para fortalecer la seguridad y protección desde el diseño.
La publicación forma parte del trabajo de la OPS para fortalecer la prevención de la violencia contra niños, niñas y adolescentes y apoyar a los países a romper el círculo de la violencia con herramientas basadas en evidencia.