10/08/2026 | Press release | Distributed by Public on 10/08/2026 05:48
La Inteligencia Artificial (IA) ha transformado de manera profunda el ecosistema de la ciberseguridad en los últimos dos años. Esta herramienta se ha convertido en un multiplicador de capacidad para todo tipo de actores maliciosos, desde grupos criminales bien organizados hasta colectivos de Amenazas Persistentes Avanzadas (APT). Este cambio estructural ha permitido a la IA modificar la velocidad, el alcance y la naturaleza misma de las amenazas en los entornos estratégico, táctico y técnico de la inteligencia de las amenazas. (IISS, 2026)
Desde una perspectiva estratégica, la IA ha alterado el equilibrio entre defensores y atacantes permitiendo que la automatización, que antes beneficiaba sobre todo a los equipos de seguridad, se haya expandido y haya pasado a manos de actores maliciosos que la utilizan para escalar operaciones, reducir costes y minimizar la intervención humana. Esto ha provocado la ejecución de campañas de ciberataques en cuestión de horas.
A su vez, la IA permite generar ingeniería social avanzada, adaptar el contenido a contextos culturales específicos y ejecutar operaciones de influencia o phishing masivo con una precisión que antes solo estaba al alcance de estructuras estatales. Al mismo tiempo, se han documentado casos donde grupos APT como Transparent Tribe, Salt Typhoon o Handala Hack han comenzado a integrar la IA en sus capacidades cibernéticas, combinando automatización, análisis predictivo y modelos generativos para mejorar la selección de objetivos y optimizar sus campañas (Bitdefender, 2026) (CheckPoint, 2026).
En el plano táctico, los grupos de amenazas han encontrado en la IA un catalizador que amplifica su eficacia ya que esta tecnología facilita la elaboración de señuelos altamente convincentes, analiza grandes volúmenes de información pública o robada para identificar vulnerabilidades con mayor rapidez y genera contenido lingüístico o visual adaptado a cada víctima. (CyberSecurityNews, 2026)
Múltiples colectivos cibercriminales, como el grupo ransomware Interlock y los grupos APT Midnight Blizzard y APT31, utilizan la IA para automatizar fases de la cyber kill chain como el reconocimiento, priorización de los activos más expuestos, mutación de payloads, optimización de la fase de exfiltración de datos y ajuste de sus ataques en función de patrones detectados en tiempo real (Microsoft, 2026). Por otro lado, algunos grupos de amenaza emplean varios servicios comerciales de IA para expandir sus ataques, es el caso de un threat actor ruso que abusó de varias de estas plataformas para comprometer más de 600 dispositivos FortiGate en 55 países entre enero y febrero (Amazon AWS, 2026).
La IA también se ha incorporado en la construcción y despliegue de infraestructura maliciosa, desde dominios temporales hasta bots autónomos, distribuidos entre mayores redes de dispositivos IoT, capaces de operar con la mínima supervisión humana (Cyble, 2026). Es el caso de la reciente distribución de extensiones maliciosas en Google Chrome donde se utilizaron modelos generativos para escribir código con malware lo que facilitó la evasión de las medidas de defensa (Socket, 2026). En consecuencia, este nuevo enfoque eleva de forma notable la velocidad y la persistencia de los ataques, y reduce la huella digital que tradicionalmente permitía su detección.
En cuanto al ámbito técnico, la IA ha revolucionado el desarrollo de malware y herramientas de intrusión. Los modelos generativos pueden crear variantes polimórficas capaces de modificarse automáticamente para evadir firmas, reconstruir partes de su propio código o generar módulos adicionales en función del entorno comprometido (SecMind Medium, 2026). Entre los casos más llamativos destaca la distribución del malware Slopoly, que hace uso de modelos de IA para crear variantes maliciosas en cada proceso de infección modificando sus patrones de ejecución (IBM, 2026).
La IA permite producir extensiones maliciosas, scripts, loaders o ransomware de manera casi industrial, así como generar mutaciones de malware constantes que dificultan el análisis estático. Además, la integración de mecanismos de evasión impulsados por IA incrementa la capacidad de los atacantes para evadir sistemas de detección, sandboxing y heurísticas avanzadas. (Palo Alto Networks, 2026)
Por otro lado, la infraestructura basada en IA utilizada por colectivos cibercriminales juega un papel crucial a la hora de desarrollar operaciones y ejecutar ciberataques. La plataforma CyberStrikeAI, analizada por Team Cymru, muestra esta tendencia donde grupos de amenazas ejecutan ataques masivos contra miles de objetivos a la vez con ayuda de la IA, la cual sirve de apoyo para analizar los vectores de ataques más eficaces y desplegar campañas paralelas (Team Cymru, 2026).
Uno de los cambios más disruptivos es la aparición de nuevos vectores de ataque, tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) directamente ligados a la IA, como se puede observar en la matriz de MITRE ATLAS, donde se desarrollan los TTPs relacionados con la IA. Entre ellos destacan los ataques que manipulan modelos de IA embebidos en aplicaciones corporativas, induciéndoles a ejecutar acciones no autorizadas a través de técnicas como la inyección indirecta de prompts. Esto abre un panorama completamente nuevo, donde la IA no solo potencia al adversario, sino que también se convierte en un objetivo vulnerable que puede ser manipulado, lo cual ha sido aprovechado por grupos como APT29 y Lazarus Group (Georgetown University, 2026). Esta tendencia indica que la IA se convierte tanto arma como en superficie de exposición, especialmente a medida que más empresas integren modelos generativos en sus procesos internos.
Estas características ofensivas impulsadas por la IA se están dejando notar en múltiples incidentes de ciberseguridad detectados a nivel global. El volumen y la agresividad de los ataques han crecido de forma notable, impulsados por la automatización y la capacidad de los adversarios para explotar credenciales filtradas, integrar datos masivos y ejecutar campañas complejas a gran velocidad. La combinación de IA ofensiva y grandes volúmenes de información expuesta multiplica las oportunidades de intrusión y complica la respuesta defensiva. Asimismo, se observa un incremento significativo en incidentes donde la IA se utiliza para combinar datos de múltiples brechas y construir ataques dirigidos contra organizaciones concretas. (CyberSecurityNews, 2026) (Stimson, 2026) Como conclusión, la IA ha acelerado la actividad criminal incrementando la sofisticación de las operaciones de grupos cibercriminales y colectivos APT. A medio plazo se prevé una proliferación de ataques cada vez más autónomos, la introducción de malware evolutivo y campañas híbridas donde la IA actúa como núcleo operativo del adversario. Para los equipos de seguridad y de respuesta ante incidentes esto exige una adaptación profunda donde se debería poner mayor foco en el análisis de comportamiento, monitorización contextual, detección basada en patrones dinámicos y una comprensión sólida de cómo los modelos generativos pueden introducir riesgos tanto nuevos como invisibles.
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