02/03/2026 | Press release | Distributed by Public on 02/03/2026 06:25
Dubái (Emiratos Árabes Unidos)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Altezas, señoras y señores:
Hoy podría estar aquí hablando del excelente rendimiento de la economía española y de todas las oportunidades de inversión que ofrece.
Hablar de un país cuya economía creció un 2,8% en 2025, casi el doble de la media de la zona euro, cuyo PIB acaba de superar los 2 billones de dólares, que creó casi 600.000 puestos de trabajo el año pasado, aproximadamente la mitad de todos los nuevos empleos de la UE.
También podría hablar de nuestro nuevo fondo soberano, «España Crece», creado con el objetivo de movilizar hasta 120.000 millones de euros en inversión pública y privada en ámbitos como la inteligencia artificial, las energías limpias o la computación cuántica.
Sí: probablemente esperen que alabe una economía que se ha situado constantemente entre las más prósperas del mundo en los últimos años. Pero no lo haré por una sencilla razón: otros ya lo hacen por nosotros.
Basta con abrir el Financial Times o The Economist, poner la CNN o Bloomberg, para oír hablar de la excelencia del modelo español. Un modelo en el que las «4 G» -crecimiento, verde, generosidad y global- van de la mano. Porque crecemos a un ritmo récord, al tiempo que compartimos los beneficios, reducimos las emisiones y nos mantenemos abiertos.
Mientras otros miran hacia dentro, nosotros miramos hacia fuera. Buscamos nuevos socios en nuevas regiones y damos la bienvenida a quienes vienen del extranjero. España tiende puentes, no levanta muros. Mira hacia el futuro, no hacia el pasado. Apuesta por la cooperación, no por la fragmentación.
Pero, altezas, señoras y señores, hoy quiero hablar de otra cosa. Algo que está en el centro de los valores del buen gobierno y del progreso equilibrado que definen este foro único. Un problema que ningún país puede afrontar solo: se trata de la gobernanza digital.
He sido presidente del Gobierno de España durante casi ocho años. Y durante todo este tiempo he defendido la misma visión del mundo. Una visión en la que la paz es lo primero. En la que las personas son el centro de la economía. En la que el progreso no se consigue a costa de los más vulnerables ni del planeta.
En todos estos años esa visión no ha cambiado, pero el mundo sí lo ha hecho, de manera drástica y para peor. No solo en el mundo físico de las economías, las fronteras y las instituciones, sino también en el mundo digital que hemos construido.
Es allí, en ese espacio virtual, donde se están socavando los cimientos que antes nos mantenían unidos. Donde los lazos sociales se están trastocando, convirtiéndose en una competencia de suma cero sin reglas. Donde los valores de igualdad y justicia están siendo atacados abiertamente.
Nos dijeron que las redes sociales se convertirían en una herramienta para el entendimiento y la cooperación globales. Un vehículo para la libertad, la transparencia y la responsabilidad. Un espacio donde los feeds y los algoritmos ayudarían a mejorar nuestras sociedades. Y nuestras vidas.
Pero ha ocurrido lo contrario.
Las redes sociales se han convertido en un estado fallido. Un lugar donde se ignoran las leyes y se tolera la delincuencia. Donde la desinformación vale más que la verdad y la mitad de los usuarios sufren discursos de odio. Un estado fallido en el que los algoritmos distorsionan el debate público y nuestros datos e imágenes son pirateados y vendidos.
Solo en el último año, TikTok ha sido acusada de tolerar cuentas maliciosas que compartían material de abuso infantil generado por IA. Se trataba de rostros de niños reales colocados en cuerpos desnudos falsos.
Y justo la semana pasada, el propietario de X, él mismo un inmigrante, utilizó su cuenta personal para amplificar la desinformación sobre una decisión soberana de mi Gobierno: la regularización de 500.000 migrantes que viven, trabajan y contribuyen al éxito de nuestro país.
La misma plataforma que ha permitido que su IA, Grok, genere contenido sexual ilegal.
Entretanto, Instagram ha sido acusada de espiar a millones de usuarios de Android en todo el mundo.
Facebook se ha utilizado para desplegar cientos de campañas de desinformación e interferencia extranjera durante elecciones nacionales y regionales.
Todos estos casos son reales y recientes. Y representan solo la punta del iceberg. Una pequeña muestra de los muchos delitos y conductas indebidas que se producen cada día en las redes sociales.
Algunos podrían decir que, si no nos gustan las plataformas de redes sociales, simplemente podemos abandonarlas. Que nadie está obligado a usar X o TikTok. Y tienen razón. Para muchos de nosotros, esta sigue siendo una opción.
Pero sabemos que nuestros hijos y muchos ciudadanos no tienen esa opción. Las redes sociales se han convertido en una parte integral de sus vidas, de su realidad. Por lo tanto, si queremos protegerlos, solo podemos hacer una cosa: recuperar el control.
Debemos asegurarnos de que estas plataformas cumplan las normas, igual que todo el mundo.
Sé que no será fácil. Lo sé. Las empresas de redes sociales son más ricas y poderosas que muchos países, incluido el mío. Pero su poderío y su fuerza no deben amedrentarnos. Porque nuestra determinación es más grande que sus bolsillos.
El año pasado fui a Davos para advertir a los Gobiernos sobre los peligros de las redes sociales.
Ahora, estoy aquí, en Dubái, para decirles y explicarles que España está pasando de las palabras a los hechos. Estamos contraatacando. Y seguiremos haciéndolo.
A partir de la próxima semana, mi Gobierno pondrá en marcha las siguientes medidas.
Primero: cambiaremos la legislación española para que los ejecutivos de las plataformas sean legalmente responsables de las muchas infracciones que se producen en sus sitios web. Esto significa que los CEO de las plataformas tecnológicas tendrán que hacer frente a responsabilidades penales por no eliminar contenidos ilegales o que inciten al odio. Y para ello, nosotros, los Gobiernos, debemos dejar de hacer la vista gorda ante los contenidos tóxicos que se comparten bajo su supervisión.
Segundo: convertiremos la manipulación algorítmica y la amplificación de contenidos ilegales en un delito. La desinformación no aparece por sí sola. La crean, promueven y difunden determinados actores. Iremos tras ellos, así como tras las plataformas cuyos algoritmos amplifican esa desinformación con ánimo de lucro. Se acabó esconderse detrás del código. Se acabó fingir que la tecnología es neutral.
Tercero: implementaremos una «huella de odio y polarización». Un sistema para rastrear, cuantificar y exponer cómo las plataformas digitales alimentan la división y amplifican el odio. Durante demasiado tiempo, el odio se ha tratado como algo invisible e imposible de rastrear. Pero vamos a cambiar eso, desarrollando una herramienta que sentará las bases para imponer sanciones en el futuro. Porque difundir el odio debe tener un coste. Un coste legal. Un coste económico. Y un coste moral que las plataformas ya no pueden permitirse ignorar.
Cuarto: España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Las plataformas estarán obligadas a implementar sistemas eficaces de verificación de la edad, no solo casillas de verificación, sino barreras reales que funcionen. Hoy en día, nuestros hijos están expuestos a un espacio en el que nunca deberían navegar solos. Un espacio de adicción, abuso, violencia, pornografía, manipulación, violencia. Ya no lo aceptaremos. Los protegeremos del salvaje oeste digital.
Quinto y último: mi Gobierno colaborará con la Fiscalía para investigar y perseguir las infracciones cometidas por Grok, TikTok e Instagram. Tendremos tolerancia cero en esta materia. Y defenderemos nuestra soberanía digital frente a cualquier forma de coacción extranjera.
Estas, señoras y señores, son las cinco medidas que mi Gobierno implementará para convertir las redes sociales en el espacio saludable y democrático que deberían ser. Las buenas redes sociales que nos prometieron hace más de 20 años.
Por supuesto, somos muy conscientes de nuestras limitaciones. Sabemos que esta es una batalla que trasciende con creces las fronteras de cualquier país. Por eso quiero informarles de que España se ha unido a otros cinco países europeos en una Coalición de Voluntad Digital, comprometida con la aplicación de una regulación más estricta, rápida y eficaz de las plataformas de redes sociales. Una coalición que celebrará su primera reunión en los próximos días y que impulsará una acción coordinada a escala multinacional.
Algunos piensan que, en el contexto actual, cuando está en juego la soberanía de Ucrania, Palestina o Groenlandia, sería un error dedicar tantos esfuerzos a un conflicto periférico que no afecta a ningún territorio físico.
Pero no nos equivoquemos. Lo que estamos afrontando es la convergencia de dos fracasos: un espacio digital sin responsabilidad, que nos debilita desde dentro. Y un orden mundial sometido a tensiones desde fuera. Ambos exigen gobernanza, no resignación.
Por eso debemos actuar. Con valentía. Con unidad. Y con esperanza.
Porque momentos como este definen a generaciones. Y generaciones como la nuestra definen el futuro de las generaciones venideras.
Así que, pongámonos manos a la obra: elijamos la gobernanza en lugar de la resignación; la cooperación en lugar de la fragmentación; la responsabilidad en lugar del silencio.
Devolvamos a las redes sociales a la tierra prometida que nunca deberían haber abandonado.
Shukran. Muchas gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en inglés)