03/10/2026 | Press release | Distributed by Public on 03/10/2026 13:51
Discurso del Presidente Javier Milei en la Yeshiva University de Nueva York
Hola a todos. Bueno, en primer lugar, deseo dar las gracias por haberme invitado y por tener el privilegio de estar frente a todos ustedes para dar esta conferencia. En el día de hoy voy a estar trabajando con una idea que presenté originalmente en mi discurso de Davos, recientemente, y que básicamente, es el título también de mi próximo libro, que es "La moral, como política de Estado".
Básicamente, al momento de diseñar una política de Estado, una política pública, y de esto, además, pueden dar fe cada uno de mis Ministros, por cómo enfocamos nuestro proceso decisorio… es decir, nosotros tenemos como objetivo, en Argentina, convertirnos en el país más libre del mundo. De hecho, cuando llegamos al poder estábamos en el puesto 146, del ranking de libertad económica, y en menos de dos años y en estricto rigor, por cómo calculas el Heritage Foundation, en realidad, en un año y medio hemos ganado 40 lugares, hoy somos 106 y hemos hecho le mejora más grande, en la historia del índice, cuando uno considera las condiciones iniciales - salvo países que fueron arrasados y tuvieron que ser reconstruidos- en ese sentido es la mejora más grande de la historia. Y una de las cosas, que siempre señalo a mis Ministros es fijar claramente el rumbo, los objetivos que quiero alcanzar de cada cartera; pero siempre con la restricción de que no todas las políticas viables son elegibles, porque hay una restricción moral y eso constituye nuestra base, donde se respeta la vida, la libertad y la propiedad.
En ese sentido, nosotros tenemos que, al diseñar una política, desde nuestras perspectivas hay un claro orden de mérito. Para nosotros, en primer lugar, están la ética y la moral de Occidente, que es lo que ha hecho grande a Occidente, que es lo que ha logrado la hazaña civilizatoria más grande en la historia de la humanidad. Y, básicamente, cuando hablamos de la ética y la moral de Occidente, tiene cuatro pilares: en primer lugar, el pensamiento y la filosofía de los griegos; en segundo lugar, el derecho romano; tercero, la rectitud de los estoicos, es decir, para resistir el mal; de hecho, el propio Rey David tenía… perdón, su hijo, quiero decir, el rey Salomón, cuando asume, él pide básicamente tener sabiduría, coraje, templanza y, obviamente, justicia. Sabiduría para saber distinguir el bien del mal; coraje para elegir el bien; templanza para sostenerse en el camino del bien, y justicia para actuar de manera justa.
Y, finalmente nosotros no creemos en el relativismo moral. Claramente, si ustedes van a… Bueno, me imagino que muchos de los que estamos acá no comemos cerdo, entonces uno podría decir que hay un relativismo moral; o sí comemos carne de vaca y de repente, en la India a nadie se le ocurriría decir que, si tienen un problema de hambre, les recomendaría comer las vacas, porque terminaría probablemente muy mal.
Entonces hay una idea, a veces, de que los valores morales son relativos. En algunas cosas puede ser entendible, pero hay un conjunto de valores que no son negociables.
Es decir, para nosotros- y eso está en las Tablas de la Ley- robar está mal, matar está mal y la libertad está consagrada en el Primer Mandamiento - acorde a cómo está escrito en la Torá - cuando dice: 'yo soy creador' - lo reproduzco literal y ustedes saben por qué - 'el que te sacó de Egipto'. Es decir, se consagra la libertad, se consagra la vida y se consagra la propiedad, y esos valores no son negociables. No hace falta que les cuente a ustedes que hay un no hacer, es decir, hay cosas que nosotros no estamos dispuestos a negociar, y sobre esos valores es que se ha construido la hazaña civilizatoria de Occidente. Es decir, no hay relativismo moral para todos. No, hay un conjunto de valores bases que no pueden ser violentados y esos valores consta en las Sagradas Escrituras.
Un segundo nivel de análisis… esto es una suerte de orden de mérito, es decir, primero están los valores éticos y morales; la segunda categoría es la eficiencia económica, y la eficiencia económica ustedes la pueden mirar de manera estática o de manera dinámica. En términos estáticos está claramente el concepto del Óptimo de Pareto, con el cual vengo enojado, hace tiempo, y hay una forma alternativa de presentar el Óptimo de Pareto, que es el modo en que lo ha hecho Hans-Hermann Hoppe, que a pesar de todo lo que me ha insultado y todas las cosas que me ha dicho- probablemente algunas de ellas sean ciertas- pero al margen de eso… bueno, a Hope le molesta que yo sea un fuerte defensor de Israel y yo, sinceramente, me siento orgulloso de ser el Presidente más sionista del mundo. Esto no le va a gustar a Hans-Hermann Hoppe, seguro, a Walter Block, sí.
Dicho esto, cuando avance en la presentación vamos a estar discutiendo la visión neoclásica y la visión de Hoppe que es, desde mi punto de vista, muy superior conceptualmente y nos evita muchos problemas. Y después está la dimensión de la eficiencia dinámica. Y, por último, lo peor de todo, lo más vil, bajo, rastrero y basura en la política, es el utilitarismo político a lo Maquiavelo. Y acá lo más interesante es que cuando ustedes diseñan una política justa, estos tres elementos van a estar en sintonía. Sin embargo, cuando aparece la tensión entre estos tres elementos significa que la política es injusta y no merece la pena ser llevada a cabo, aun cuando convenga políticamente.
Probablemente el fraude más grande de la historia de la humanidad, sea el socialismo. Supongan que ustedes tienen 5 personas: una persona tiene 500 dólares y los 4 restantes tiene 0; entonces viene el político, les roba esos 400 dólares y les da 100 a cada uno de los restantes, y ahora todos quedan con 100 dólares cada uno; eso se llama justicia social. Evidentemente, si ustedes van a una elección después de hacer eso van a ganar con el 80 por ciento de los votos. Sin embargo, esa política - que desde el punto de vista del utilitarismo político es fabulosa porque les permite ganar una elección- permítanme escapar del protocolo y decir lo que pienso, pero esa política es una mierda. Y digo esto, porque es profundamente injusta; les puede servir para ganar votos, pero es injusta, porque implica tratar desigualmente frente a la ley a cada una de estas 5 personas. Ustedes eligieron quiénes eran los ganadores y quiénes los perdedores por una mera cuestión electoral.
Pero no sólo eso, nosotros tenemos un mandamiento, que dice: "no robarás" y quitarle el dinero, por la fuerza, a una persona es un robo. Es decir, puede ser legal, pero no es legítimo. Sí, lo puedo hacer por ley, pero eso no lo hace legítimo, sigue siendo injusto. Y hay un conflicto entre lo que es legal y lo es legítimo y, por ende, aun cuando lo hiciera por ley sigue siendo ilegítimo y, por ende, no nos debería sorprender que aquellos países, que tengan actitudes como esta que implica, además, violentar el derecho de propiedad, los países que hacen eso, se hunden. Se hunden porque están violentando principios morales. Cuando ustedes van en contra de los valores morales, no es gratis.
Por eso es tan interesante el concepto de eficiencia dinámica del profesor Huerta de Soto, porque inexorablemente ustedes de hacer estas cosas van a pagar los costos. Entonces, en algún momento van a tener que corregir.
Argentina llevaba abrazando ideas socialistas por más de 100 años. Estábamos camino a ser Cuba con una escala intermedia en Venezuela. De haber sido el país más rico del mundo, nos estaban convirtiendo en un país miserable. Bueno, tener el primer Presidente liberal-libertario- no sólo de la Argentina, sino del mundo- no podía ocurrir en condiciones normales de presión y temperatura.
En ese sentido, lo que voy a hacer a lo largo de esta charla, que además tiene partes en común con lo que fue mi discurso en Davos, es justamente demostrar que el sistema capitalista de libre empresa es justo, que es eficiente, y que además es dinámicamente eficiente. Y que uno tiene que mantenerse en estos valores de manera estoica, porque el negocio para el político era la justicia social, y esto uno no lo debería ni siquiera hacer porque es malo por la consecuencia dinámica, o porque es ineficiente la asignación de recursos. No lo tiene que hacer porque es injusto, aun cuando eso vaya en contra del utilitarismo político que le permitiera ganar una elección. Hay que hacer lo que es justo.
Y cuando ustedes obran de manera justa aparecen milagros. Y es que ustedes pueden hacer un ajuste del 30% del gasto público en términos reales en un mes y aun así después ir a un proceso electoral y ganar las elecciones por escándalo, sea nuestro caso.
Dada esta introducción, durante décadas se nos deformó el pensamiento presentándonos un falso dilema al diseñar políticas públicas, donde se debía optar por el utilitarismo político en pos de un supuesto bien común, que en realidad es la pátina, el bien común. Lo que les importa a los políticos es ganar elecciones para tener poder y para satisfacer sus cuestiones más básicas, que es la lujuria, que es la codicia y que es el ego.
Dios no se lo voy a explicar a ustedes, lo tienen que saber mejor que yo. Dios a mí me lo enseñó mi rabino, así que ustedes lo deberían saber. De hecho, de ver tantos participantes con kipá, me arrepentí de no traer uno de mis kipás, que encima tiene mi nombre en hebreo. ¿Y qué pasó, se me escapó el chiste? No, yo solo hablo en español. No le echemos la culpa al idioma de que mis oídos no trabajen al 100.
Pero entonces este utilitarismo político se lleva adelante en detrimento del respeto de los derechos individuales y, en consecuencia, de los valores éticos y morales de Occidente. Esto no es una mera coincidencia, tal como señala el profesor Jesús Huerta de Soto en su trabajo sobre la eficiencia dinámica. La eficiencia no es compatible con cualquier esquema de equidad o justicia, sino que surge única y exclusivamente de uno de ellos: la justicia basada en el respeto por la propiedad y la función empresarial.
Por eso, lo justo no puede ser ineficiente, ni lo eficiente injusto, porque justicia y eficiencia son dos caras de la misma moneda.
Sin lugar a dudas, quien anticipó esta situación con mayor claridad fue Murray Newton Rothbard. Para él, la maximización de la utilidad económica por parte de una autoridad centralizada es una tarea imposible. Los políticos no pueden jamás conocer los deseos no solo presentes, sino sobre todo futuros, de su población. Por eso, lo único que se puede hacer desde el Estado para maximizar la eficiencia es proveer el marco jurídico para que los individuos intercambien entre sí, sin miedo a la violencia de sus vecinos.
Qué significativa está la frase "la violencia de los vecinos". Pero vamos a ganar. Solo los principios morales que subyacen a la ley pueden servir como guía para maximizar la eficiencia en el tiempo. Y no hace falta aclarar que suscribo a esta visión desde mi rol de Presidente de la gran Nación Argentina.
Por el contrario, sacrificar los valores éticos y morales en el altar de la eficiencia deriva en políticas que no solo son injustas, sino que además conducen al colapso, no solo en el plano económico, sino también en el plano de lo social. Es lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá siempre con el populismo bajo sus distintos pelajes. Ya lo vimos desenvolverse hasta sus últimas consecuencias en los fascismos y socialismo del siglo XX, el socialismo del siglo XXI, y que en el siglo XX produjeron un tendal de muertos más grande de la historia de la humanidad.
Esas políticas eran la piel de cordero del lobo socialista, arropado de modo elegante para engañar a almas nobles llenas de buenas intenciones, pero que conducen inevitablemente a la catástrofe. Y por esto mismo me paro aquí ante ustedes para decirles que hoy, más que nunca, frente a la decadencia y degradación ética y moral que atraviesa Occidente, es necesario volver a impulsar las ideas de la libertad. Sin embargo, a diferencia del modo en que se encaró en el pasado desde un enfoque utilitarista, hoy la defensa del sistema capitalista de libre empresa debe estar basada en su virtud ética y moral.
Tal como señala Israel Kirzner, los socialistas de hoy no niegan la superioridad del capitalismo en lo productivo, lo cuestionan por injusto. Por ello, no basta que el sistema sea más productivo, ya que si su base fuera injusta, el capitalismo no merecería ser defendido. Esta era una gran diferencia entre el planteo que hacía Mises, que era plenamente utilitarista, y que su defensa del capitalismo era porque funcionaba, y eso difiere sustancialmente de la posición de Ayn Rand, de la posición de Rothbard y de la posición de Israel Kirzner.
Si el sistema fuera injusto, no vale la pena defenderlo. Nosotros defendemos al sistema capitalista de libre empresa esencialmente porque es un sistema justo. De este modo, esta presentación demostrará que retornar a los valores de la cultura griega, el derecho romano, el valor de los estoicos y los valores judeocristianos es imperativo para salir de nuestro oscuro presente y con ello salvar a Occidente.
En este apartado, ahora lo que voy a hacer es probar que el sistema capitalista de libre empresa es justo. Este es el core de lo que voy a hacer en esta parte. Básicamente trabajo con los conceptos de ley natural, ley positiva, justicia, propiedad privada, principio de no agresión y qué definimos como liberalismo.
Gran parte de los conflictos humanos surgen cuando el derecho natural y el derecho positivo colisionan. Tal como lo concibe el liberalismo, el derecho natural es la ley que se deriva de la naturaleza humana, que es anterior a las leyes convencionales e instituciones y, por lo tanto, es justa en sentido universal; es intrínseca a la esencia del hombre y, por lo tanto, inmodificable e inmutable. Por otra parte, el derecho positivo es el que redactan los hombres para gobernar a sus pueblos.
El sistema constitucional liberal es el único sistema jurídico que concibe el derecho positivo en función de imitar lo mejor posible el derecho natural, y aquí radica su superioridad moral. Otros sistemas jurídicos que o bien no parten de constituciones liberales, o bien los olvidan y atropellan, o rechazan el derecho natural, pueden tener ley, pero eso no significa que tendrán legitimidad. El derecho natural contiene en su seno dos derechos fundamentales e inalienables, que son los derechos a la vida y a la libertad, y el hombre tiene derecho a ejercer esos atributos en busca de su propia felicidad.
El derecho fundamental a la libertad se deriva del derecho adquirido de la propiedad privada, esto fue consagrado en el Principio de Apropiación de John Locke. Todo hombre es dueño de su propia persona, de su cuerpo y de su propio trabajo. Al imprimirle su trabajo a los bienes que ofrece la naturaleza y no pertenecen a nadie, los vuelven suyos.
Finalmente, estos derechos se complementan con el principio de no agresión, el cual establece que ningún ser humano tiene derecho a ejercer agresión de ningún tipo contra otro ser humano, lo cual no solo incluye la agresión física, sino también todo tipo de coacción, coerción y/o imposición bajo amenaza del uso de las fuerzas, es decir del Estado. Y esto, por supuesto, aplica a que nadie puede vulnerar los derechos de propiedad de otro. De ahí que nosotros definimos liberalismo acorde a la definición de Alberto Benegas Lynch hijo, como el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.
Digo, está todo en las tablas de la ley, más claro es imposible. Cuyas instituciones emergentes son: la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social. Naturalmente, asociada a estas instituciones surge la cuestión de si las mismas son justas.
Para ello la referencia obligada es Ulpiano, cuya premisa básica constituye la base del derecho romano y sin dudas es uno de los pilares de la civilización occidental. El también creía que el derecho no creaba lo justo, sino que su fin era reconocer lo justo, ordenarlo y protegerlo. Cito textual a Ulpiano: "La justicia es la constante y persistente voluntad de otorgar a cada cual su derecho".
Sin embargo, la sentencia de Ulpiano no se quedó ahí, sino que a continuación añadió que los principios del derecho constan en vivir de modo honesto, sin causar daño a nadie y dando a cada cual lo que es suyo, o sea, el principio de no agresión. De esta forma, el derecho romano en su fundamento está totalmente en consonancia con el liberalismo y sus instituciones, ambos son justos, si entendemos por justicia asegurar el derecho natural. Por lo tanto, en esta sección lo que acabamos de probar es que el liberalismo, el capitalismo de libre empresa, es justo, es decir, el sistema capitalista de libre empresa vale la pena ser defendida porque esencialmente es justo.
En esta parte voy a estar abordando la ética de la propiedad privada y la eficiencia. En aquel discurso que di en Davos, reproduje literalmente dos párrafos que son de Hans Hermann Hoppe y que mediante el uso de la lógica él demuestra que, a su vez, apalancados sobre el principio de apropiación originaria de Locke y el principio de no agresión, esos elementos conjugados derivan en una asignación que es eficiente. En la terminología neoclásica uno lo llamaría Óptimo de Pareto. Sin embargo, la forma en la cual es diseñado es fundamental, fundamental. Aquellos que estudien economía habrán aprendido lo que es el primer teorema de la economía del bienestar, el segundo teorema de la economía del bienestar, o sea, el primer teorema de la economía del bienestar dice que todo equilibrio competitivo o bajo competencia perfecta es Óptimo de Pareto, o sea, es eficiente. Y el segundo dice una cosa verdaderamente aberrante y es que la optimalidad es independiente de la distribución, lo cual verdaderamente es tremendamente aberrante, porque si eso fuera cierto sería lo mismo tener propiedad privada a full, o sea, capitalismo de libre empresa a pleno, que tener socialismo, hasta comunismo, y el resultado sería independientemente la propiedad. Y la evidencia empírica dice que eso es falso.
Algo que ya había sido demostrado por Ludwig von Mises allá por la década del 20 en su obra sobre socialismo, y que decía que el problema del sistema socialista era que no podía hacer cálculo económico. Y para que haya precios, y poder tener cálculo económico requiere que exista propiedad privada. Si yo voy a vender este aparato a él, como no es mío, se lo puedo vender a cualquier precio. O si yo tuviera que comprar algo y el dinero es robado, no me importaría. Es decir, si no hay propiedad privada, no hay sistema de precios. Y cuando no hay sistema de precios, el sistema queda a la deriva. En un sistema socialista donde no hay precios, ¿por qué no hago las rutas de cristal o de oro? ¿Por qué no las hago? Porque soy tan miserable de hacerla de asfalto. Si lucen tan bien si fueran de cristal, o si fueran de oro. No las hago porque tengo una idea de valor. Es decir, tengo noción de valor y tengo noción de precio. Y, consecuentemente, hago cálculo económico y me doy cuenta de que sería un disparate hacerlas de cristal o hacerlas de oro.
Entonces, en ese sentido, cuando ustedes no tienen propiedad privada, no tienen precios, por ende, no pueden hacer cálculo económico y el sistema de precios tiene la función de transmitir señales al sistema que además hace que los agentes se coordinen en términos de oferentes y demandantes y cuando la oferta y la demanda no coinciden, se manifiesta en un movimiento de los precios. Entonces, cuando ustedes no tienen propiedad privada, eso no funciona. Por eso, cuando aparece la intervención del Estado, la señal del precio empieza a estar distorsionada. Es como una suerte de ruido. Imagínense que ahora, mientras que yo le estoy dando la conferencia y ustedes la están siguiendo por estos auriculares, empieza a haber ruido. No es que ustedes no me van a entender porque no están aptos para entender una charla de esto, sino que no lo hacen porque hay ruido. Bueno, eso es lo que hace el Estado en la economía, distorsiona la señal de precios.
Cuando llegan al comunismo, que es cero de propiedad privada, la distorsión es total y el sistema se derrumba.
Entonces, primer punto, tiremos a la basura el segundo teorema del bienestar porque es una tontería. Bueno, ahora me la voy a agarrar con el Óptimo de Pareto. El Óptimo de Pareto, básicamente, supongamos que yo tengo una asignación de recursos original y que yo puedo hacer una mejora, tal que mejora alguna gente o varios agentes sin perjudicar a nadie. Entonces, si uno hiciera esto, tendría lo que se define una mejora paretiana. Cuando todas estas oportunidades de mejoras paretianas se agotan, ustedes entonces ahora se encuentran en un Óptimo de Pareto. Pero, básicamente, la idea del óptimo de Pareto en alguna idea también trataba de probar o de dar un entorno a la idea de la mano invisible de Adam Smith, que cada uno, guiado por su propio interés, conduce al bienestar general. Idea que, si bien la plasmó con fuerza en su segundo libro, Adam Smith, que es Investigación sobre la Naturaleza, la Causa, las Riquezas y las Naciones, ya tenía sus primeras bases en su libro anterior que era La Teoría de los Sentimientos Morales. Pero, entonces, la idea es mostrar que el equilibrio competitivo es eficiente, o, si ustedes quieren, un Óptimo de Pareto. Esta motivación, cuando luego de los desastres causados por John Maynard Keynes y el daño que le causó a la teoría económica, los economistas tratan de volver a sus bases y retornan al estudio del equilibrio en la tradición de León Walras. Básicamente, cuando ustedes estudian el equilibrio, se estudia si el equilibrio existe, si es único y si es estable. La existencia del equilibrio, básicamente, para que exista, ustedes tienen que aplicar algún teorema de punto fijo. Los dos teoremas de punto fijo más conocidos son el de Brauer, que es para funciones punto-punto, o si ustedes tienen aplicaciones punto-conjunto, se llaman correspondencia. Pero un teorema de punto fijo no es más que la generalización del teorema del valor medio que muchos deben conocer porque se estudia en cálculo. Si ustedes tienen una función que es continua y pasa de negativo a positivo, ustedes saben que existe algún punto en donde esa función es cero. Y ustedes tienen que asegurarse de que esa función sea continua, en caso de que tengan una correspondencia se define como semicontinua superiormente, y eso se tiene que dar en un conjunto que es convexo.
Si ustedes miran este, cualquier punto que yo voy a marcar ahora con las manos existe porque este conjunto es convexo. Entonces, tomo este punto y este punto, y si los uno, ese punto va a existir. Ahora piensen en el caso de una dona. Toman un punto y toman otro, y si los quieren unir, la parte central no está. Entonces, ustedes necesitan que las funciones sean continuas y que los conjuntos sean convexos. Toda la clave de la demostración de equilibrio general de que existe, dependen de estas condiciones topológicas para que el equilibrio exista. Si, además, ustedes quieren que sea único, deberían trabajar con funciones, es decir, aplicaciones punto a punto. Es decir, ustedes le tiran un precio y contesta únicamente una cantidad. Por lo tanto, si las funciones de exceso de demanda, ya sea las de demanda, ya sea las de oferta, son funciones continuas, las funciones de exceso de demanda son continuas. Y si eso se da en un conjunto que es convexo, por lo tanto, el equilibrio existe y es único. Y si, además, los efectos directos son más fuertes que los indirectos, está claro que el precio del té va a pegar más fuerte en el té que en el café, por más que sean sustitutos. Es obvio que, entonces, además, si estos efectos directos superan los indirectos, eso va a hacer que la matriz en la cual vira la estabilidad, les dé una matriz definida negativa que implica que es estable.
Hasta ahí nadie tiene mucho para decir porque en ese parámetro el equilibrio existe, es único, es estable. El problema es que cuando los economistas nos ponemos fatalmente arrogantes, miren si tenemos para explicar la importancia de llevar la kipá, y nos empezamos a creer que somos seres superiores, ahora nos ponemos a hablar de eficiencia, de optimalidad. Por eso el último libro de Hayek se llama La fatal arrogancia, porque para poder resolver ese ejercicio es necesario conocer las preferencias de todos los individuos, pasados, presentes y futuro. Es necesario conocer la tecnología presente y futura, o sea, hay que adivinar el progreso tecnológico. Es decir, ¿cómo puede ser que Graham Bell haya sido tan tonto de hacer el teléfono fijo si ahora existen los celulares? Se dan cuenta, ¿no? Y además tendrían que conocer las dotaciones. Pregúntenle a alguien hace 500 años si sabía qué era el petróleo.
Es decir, entonces, ustedes para resolver ese equilibrio deberían ser omniscientes, omnipresentes y omnipotentes. Es decir, deberían ser Dios. Y está claro que no lo somos. Y les voy a decir algo, y si hay alguna clase de ser humano que difiere más de ese ideal son los políticos. Les voy a contar una anécdota. Yo, cuando empecé en política, siempre tuve este discurso tan antiestado y antipolítica.
Entonces recuerdo que cuando... En un momento un periodista me hace una nota y me dice que yo, que había tanto despotricado de la política y que ahora estaba en la política, qué pensaba de los políticos. Entonces, yo le dije: "Me equivoqué". Entonces el periodista salió a decirme: "Ah, claro, ves que se equivocó, se equivocó, tanto que despotricó, despotricó, así, ¿no?, y me enseñaba así. Dije: "Sí, me equivoqué, me quedé corto".
Entonces cuando a los economistas nos agarró ese ataque de fatal arrogancia empezamos a querer determinar qué era óptimo y qué no. Eso implica que las funciones de demanda y las funciones de oferta deben derivarse de ejercicios de optimización. Entonces si las funciones de demanda derivan de la maximización de la utilidad sujeta a la restricción del presupuesto, y de ahí derivan las funciones de demanda.
Y si ustedes, después derivan las funciones de oferta desde la maximización del beneficio sujeto a una restricción tecnológica, donde además de derivar la oferta de ese bien van a derivar la demanda de insumos, y en el caso de los consumidores van a derivar las funciones de demanda de bienes y la oferta de factores. Como esas funciones, además, son continuas y se dan en un conjunto que es convexo, ahora no sólo que el equilibrio existe, es único, es estable, pero además es óptimo. Hasta ahí, ya es bastante arrogante.
Pero la teníamos que empeorar más. Y es la idea de los fallos de mercado. Por algún momento los economistas nos volvimos tan locos que, supongan que ustedes tienen una empresa y tienen un modelo, y el modelo no mapea con la realidad.
¿Ustedes qué van a hacer? Miren, se los digo yo, ya se los anticipo, van a tirar por los aires el modelo, porque si pierden plata le van a volar la cabeza al analista. Es decir, en la vida real, si el modelo no mapea con la realidad, no se enojan con la realidad, hacen un modelo nuevo. Los economistas, cuando la realidad no mapea con el modelo, ¿qué hacemos? Lo llamamos fallo de mercado.
Es decir, no está mal el modelo, está mal la realidad. Y todo en pos del Óptimo de Pareto. Es decir, seguramente no puedan conseguir el LSD porque se lo tomaron todos los economistas.
No se puede estar más delirante. Es una reflexión bastante de fines de los 60, pero soy un señor que escucha música antigua. Es más, en eso de que me gusta la música de hace muchos años, no solo me gustan los Rolling Stones y los Beatles, sino que, además, después me puse a Reloaded, escuché Elvis y después terminé escuchando ópera.
Así que alguien que escucha música, entiendan que es un chiste propio de una persona que escucha música del siglo XIX. Entonces, eso hace... Los fallos de mercado es una situación donde el equilibrio que ustedes observan no mapea con los que definen como equilibrio óptimo. Y eso les da al policy maker la atribución de intervenir un mercado.
Supongan que aparece una empresa a competir en el mercado de celulares y crea un celular mucho mejor que el resto de sus competidores, que es de mejor calidad y de menor precio, y todos sus competidores van a la quiebra. No va a faltar el político que los va a querer regular por monopolio, siendo que ese hombre es un héroe. Sin embargo, esa situación... ¿Cómo llaman a ese fallo de mercado los economistas? ¿Lo llaman? No convexidades. Es decir, porque la función de producción muestra rendimientos crecientes.
Ahora, entonces, como consecuencia de ello, como entonces ahora eso no mapea con el óptimo, porque la estructura matemática no es la que yo definí como óptima, entonces, como consecuencia de esto, ahora regulo. Ahora, pero si voy a regular, estoy destrozando el derecho de propiedad. Cuando ustedes miran la historia de la humanidad y miran lo que se llama el palo de hockey, que son la materialización de los rendimientos crecientes, donde gracias al capitalismo en libre empresa, la pobreza extrema pasó de 95% a 5% en un mundo que multiplicó por 10 la población, ¿cómo me van a decir que son malos? Es decir, el problema no es la realidad, el problema es la teoría económica.
Y si ustedes regulan los monopolios, matan los rendimientos crecientes, como hacen en Europa, y ¿saben qué? matan el crecimiento económico. Ustedes sobre-regulan la economía y matan el crecimiento económico. Por lo tanto, esa forma de trabajar el problema de la eficiencia de los economistas, deriva en una aberración que mata el crecimiento económico. Es decir, mata la idea de Adam Smith de la fábrica de alfileres. Todo porque no les cerraba matemáticamente. Eso también es otra historia.
¿Qué es lo bueno de lo que ha hecho Hans-Hermann Hoppe? Lo bueno de Hans-Hermann Hoppe es que ha derivado la eficiencia, es decir, la optimalidad, utilizando la lógica de la propiedad privada y el principio de no agresión. Por ende, nos desliga del problema de la estructura topológica y no tenemos que andar llamando como idiotas que la realidad está equivocada y el modelo nuestro tiene razón. Por ende, voy a replicar tal cual lo que escribió Hoppe, porque me parece una obra de arte. Pese a que Hoppe me insulte, pero es una obra de arte. Es como si, no sé, Dalí me insultara. Pero, digo, la obra de Dalí es maravillosa. Estoy igual. Dice, entonces, ya probamos entonces que las instituciones propuestas por el liberalismo que están a la base del capitalismo de libre empresa, son justas. O sea, que es lo que dice en la sección anterior. Ahora es el momento de probar que, además, el capitalismo de libre empresa es eficiente.
Para eso, permítame parafrasear a Hans-Hermann Hoppe. Romper con las relaciones de propiedad en favor de los desposeídos no es gratuito. Trastoca los incentivos y, en consecuencia, implica que habrá menos apropiación originaria, más redistribución de lo existente, menos cuidado por los beneficios presentes y menos intercambios mutuamente ventajosos. Cuando la propiedad la detenta quien desarrolla un bien y no quien hace su último uso, entonces el incentivo está puesto en su conservación. A su vez, como lo que defiende la ley es la integridad física de la propiedad y no el valor de la misma, entonces la responsabilidad del sostén del valor de los bienes está puesta en el propietario. Desviarse de estos principios implica desordenar los incentivos.
Es decir, fíjense que, al ponerse sobre el tapete, arriba, el principio de apropiación de Locke, es decir, que el que descubre algo es dueño de eso, ¿sí?, y en el principio de no agresión. O sea, y que el dueño es el que se lo apropia originariamente. Imagínense que se lo apropiara el que viene después. ¿Alguien pensó ese ejercicio? Digo, es lo que pasa en el socialismo: alguien produce y después viene alguien y se lo apropia, ¿no? Vean la aberración que ocurre con eso. Piensen ahora, llévenlo al extremo.
Llegan ustedes, están como Adán, caminan por la naturaleza. La pregunta es, ¿hay bienes que ustedes podrían apropiarse para qué? Para alimentarse. Ahora, si ustedes no se pudieran apropiar de esos bienes que no son de nadie, simplemente porque el Señor los puso a disposición de nosotros, ¿qué pasaría? Que ustedes tuvieran que pedirles permiso a las generaciones futuras para apropiarse de esos bienes. Y no la próxima, sino la que le sigue y la que le sigue y la que le sigue. ¿Cuál es la consecuencia? No podrían alimentarse; por ende, se mueren. Por eso, digamos, siempre el socialismo trae muerte.
Y si llevan esas ideas al extremo, la gente se muere de hambre. Si no, miren lo que pasó en Rusia cuando lo implementaron. Entonces, lo interesante de esta demostración es que ustedes llegan a la optimalidad básicamente por una cuestión lógica. Entonces, ahora no necesitan hablar ni de fallos de mercado ni nada por el estilo. Es decir, supongan lo siguiente. Yo puedo... Vamos con el caso de las externalidades.
Ustedes tienen externalidades negativas, externalidades positivas. Entonces, cuando ustedes tienen una externalidad negativa, como no pagan los costos, ¿entonces qué es lo que pasa? Producen demasiado esa externalidad. Y cuando es una externalidad positiva, algo que nos gustaría que haya de mucho más, producen suficientemente poco. ¿Por qué? Porque no se pueden apropiar del beneficio. ¿Cuál es la solución de esta gente? Digo, crear como una suerte de bienes públicos forzadamente para que haya más de ese bien. Ahora, el punto es ese policy maker tan fatalmente arrogante que cree que tiene que haber más, ¿cómo va a financiar ese bien? Porque, todavía no estamos en el paraíso. Por lo tanto, alguien va a tener que pagar eso. Y si lo tengo que pagar, ¿cómo, con qué lo voy a pagar? Es decir, cobrando impuestos. Es decir, robando. Porque los impuestos son un robo. Nadie paga voluntariamente los impuestos. Los pagan a punta de pistola, los pagan a contra coerción y contra coacción, porque si no los pagan, van presos.
Entonces, vean cómo todo esto de haber utilizado la topología para derivar la optimalidad abrió las puertas para que un conjunto de delincuentes llamado políticos nos vivan metiendo la mano en el bolsillo. Por eso digo que yo soy el topo adentro del Estado. Por eso bajé el gasto público en un mes 30 %. Solamente hay cinco casos en la historia moderna de la humanidad así. Cuatro venían de una guerra. O sea que antes nunca había pasado algo así. ¿Por qué? Porque cuando ustedes reducen el tamaño del Estado, son menos impuestos y, por ende, les devuelven la libertad.
Dicho esto, ahora voy a pasar al tema de la eficiencia dinámica y el crecimiento. Argumentamos que las instituciones del capitalismo de libre empresa, sostenidas por los derechos naturales, el principio de apropiación de Locke y el principio de no agresión, no solo son justas, sino que además son eficientes, al menos en términos estáticos. Es momento ahora de probar que el capitalismo de libre empresa cumple con todas estas mismas propiedades en términos dinámicos. Es decir, a lo largo del tiempo. Es decir, tanto en el presente como en el futuro.
Ahora me estoy yendo bastante atrás. Como señala el profesor Jesús Huerta de Soto, Jenofonte, ya 380 años antes de la era cristiana, ponía en boca de Sócrates que la economía es un saber que permite a los hombres acrecentar la hacienda y definía la propiedad privada como lo más provechoso para la vida de cada cual. Luego de ello, Jenofonte se ocupa del concepto de eficiencia, el cual aborda desde dos perspectivas
Por un lado, desde una visión estática, señala como eficiente a la gestión de los recursos disponibles tendiente a evitar el despilfarro. Además, se resalta el beneficio de la propiedad privada al señalar que el ojo del amo es la mejor fórmula para engordar su ganado. Esto es, solo quien tiene un derecho legítimo a un bien es capaz de administrarlo eficientemente. Por otro lado, Jenofonte en su segunda definición de eficiencia se adentra en el terreno dinámico al señalar que la eficiencia implica incrementar la hacienda. Esto es, se trata de aumentar la cantidad disponible de bienes por la vía de la creatividad empresarial. Esto es, por la vía del comercio y de la especulación. No alcanza con administrar bien los bienes presentes, sino que es necesario generar más bienes futuros.
Este último criterio de eficiencia es de importancia fundamental para el estudio del crecimiento en una economía. Es decir, básicamente lo que dice es, lo que va a ser eficiente dinámicamente es la estructura legal que ustedes diseñen, o sea, las instituciones que ustedes diseñen para que maximice el crecimiento económico. A diferencia de un modelo estático en el que solo se contempla lo que Robert Lucas Jr. definía como los parámetros profundos, esto es, preferencias, tecnología, dotaciones de recursos iniciales, en la esfera dinámica tanto la tecnología como las dotaciones iniciales pueden variar y de hecho lo hacen continuamente.
Es importante, cuando ustedes estudian equilibrio general, una economía se define por las preferencias, se define por la tecnología y por las dotaciones. ¿Por qué no estoy incluyendo la propiedad privada o los beneficios? Porque hay segundo teorema del bienestar. Como nosotros no creemos, ahora ponemos además la propiedad. Pero vean qué fuerte es lo que plantea esta visión, porque dice, ojo que la tecnología se mueve. Es decir, en alguna parte ahora vamos a mencionar a Schumpeter y la destrucción creativa. Y, además, fíjense que además las dotaciones cambian, los que consideramos dotaciones. Entonces, es muy importante ver cómo se incorpora la dimensión de la propiedad y ahora se considera que la tecnología es incierta y además las dotaciones cambiantes. Es decir, vean cómo se les va moviendo toda la estructura analítica. El futuro es incierto, impredecible y volátil. Determinar a priori desde una autoridad central cuál es el sendero óptimo de crecimiento en ese marco es imposible. Incrementar la hacienda requiere que el propietario legítimo evalúe por sí mismo la evolución de los factores y se haga responsable desde sus decisiones al respecto. Sin responsabilidad producto de la propiedad no hay eficiencia posible. O sea que la distribución y la producción no son factores independientes, sino inversamente proporcionales en términos dinámicos. Pensar que un sistema productivo es independiente de la distribución de los recursos que genera es pensar que un sistema productivo es independiente del derecho de propiedad de sus participantes. Es decir, estoy dando duro al segundo teorema del bienestar. Como hemos visto, solo la responsabilidad por el cuidado de lo propio es capaz de asegurar la eficiencia. Y cuando se rompe con esa responsabilidad, al negarle al productor los frutos de su trabajo, se rompe tarde o temprano con la eficiencia del sistema. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, se les dijo, ganarás el pan con el sudor de tu frente. No que vas a vivir con el pan del sudor ganado de la frente ajena. Haber negado esto le costó al mundo, en última instancia, la vida de 150 millones de seres humanos, al tiempo que aquellos que lograron sobrevivir al terror lo hicieron en la más absurda pobreza.
Entonces ahora voy a hablar del crecimiento y función empresarial. Acorde a lo señalado y en línea con la segunda línea de análisis de Jenofonte respecto a la eficiencia dinámica, la teoría económica ha identificado cuatro fuentes de progreso económico. En primer lugar, tenemos la división del trabajo. Esto fue ejemplificado por Adam Smith con la fábrica de alfileres, o sea, los rendimientos crecientes. En el fondo se trata de un mecanismo por el cual se generan ganancias de productividad que se manifiestan como rendimientos crecientes. Si bien su límite está delimitado por el tamaño del mercado, el tamaño del mismo se ve afectado positivamente por ello en un proceso de retroalimentación. Esta es una idea que a inicio del siglo XX fue complemento de lo que había planteado Adam Smith por un economista que se llamaba Li Yang. Vale la pena aclarar también que este proceso virtuoso no es infinito. Esto es la demostración que hicimos en el paper con Demian Reidel, ya que el límite choca con la dotación de recursos de una economía. Es decir, hay un límite humano que es que las personas disponen de 24 horas por día. Si yo les ofrezco un trabajo, les digo, miren, ustedes van a tener un trabajo en el cual a lo largo de un año les voy a pagar 100 millones de dólares. ¿Quién acepta? ¿Todos? Bueno, este trabajo requiere que trabajen 24 horas por día durante los 365 días del año. ¿Cuántos lo agarran ahora? Me encanta tu optimismo, pero tu cuerpo te va a decir que no.
Segundo, la acumulación de capital, tanto físico como humano. Respecto al capital físico, es crucial la interacción entre ahorro e inversión, poniendo de manifiesto el rol fundamental del mercado de capitales y el sistema financiero para lograr a cabo dicha intermediación. Por el lado del capital humano, el foco no debe limitarse al plano educativo, sino que también debe considerarse el desarrollo de capacidades cognitivas. Esto aplica desde el nacimiento del ser humano, su alimentación y la salud, elementos base para poder acceder a la educación y al mercado de trabajo al momento de la adultez. Eso para los liberales está sustentado en un trabajo de Ayn Rand que se llama la ética de la emergencia. En tercer lugar, tenemos el progreso tecnológico, el cual significa poder producir una mayor cantidad de bienes con la misma cantidad de recursos, o producir lo mismo empleando una menor cantidad de insumos. Finalmente, esto es lo más importante de estas cosas que dije, tenemos el espíritu empresarial, o mejor definido, la función empresarial, la cual constituye, y acorde al profesor Huerta de Soto, constituye el principal motor del proceso de crecimiento económico, ya que, si bien los tres factores señalados son importantes, sin empresarios no habría producción y el nivel de vida sería menos que precario. Entonces, básicamente, para no saturarlos, ahora voy a pasar a lo que sería la eficiencia dinámica y las instituciones, es decir, cuáles son las instituciones que permiten alcanzar la eficiencia dinámica.
En definitiva, la eficiencia dinámica, o sea, el óptimo económico a lo largo del tiempo, consiste en la capacidad de un sistema económico para impulsar la creatividad y la coordinación empresarial. Es decir, la eficiencia dinámica depende de aquellas capacidades que tenemos los humanos para darnos cuenta de las oportunidades de ganancias que surgen en nuestro entorno, actuando en consecuencia para aprovecharnos de las mismas. A su vez, esto hace que se vuelva fundamental la tarea de descubrir y crear nuevos fines y medios para que se resuelvan de forma espontánea los desequilibrios de mercado. Por eso esta definición de eficiencia dinámica que propone Huerta de Soto, combina también con la idea de la destrucción creadora de Schumpeter y la eficiencia adaptativa de North. Esto es muy importante que lo tengamos en cuenta, porque son el motor que está detrás de la función empresarial. Naturalmente, dado el rol de la función empresarial, son de vital importancia las instituciones bajo las cuales se desarrolla. En ese sentido, tanto Douglas North como Jesús Huerta de Soto ven como una función clave de las instituciones reducir la incertidumbre, para así reducir la volatilidad y permitir que el sistema de precios pueda transmitir información fidedigna. De este modo, el marco institucional adecuado es el que favorezca el descubrimiento empresarial y la coordinación espontánea. Por lo que, en este marco, la política económica óptima debería orientarse a identificar y remover todas las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial y los intercambios voluntarios. A modo de ejemplo, nosotros tenemos un Ministerio de Desregulación, a cargo del Ministro Federico Sturzenegger, y en dos años hemos quitado 15 mil regulaciones. Somos el gobierno más transformista, no sólo de la Argentina, sino de la historia de la humanidad.
Sin embargo, dada la influencia determinante de las instituciones en el progreso económico, ello nos dirige la mirada a la importancia de la ética. Aquellas sociedades cuyas instituciones adhieran a valores morales y principios éticos más sólidos y, por tanto, favorezcan el libre desarrollo de la función empresarial, serán más eficientes y con ello disfrutarán de una mayor prosperidad. Si no, miren cómo ha cambiado Israel desde que empezó a abrazar las ideas de la libertad desde los años 80.
Ética y eficiencia dinámica ahora. Ahora bien, el profesor Huerta de Soto nos agrega algo más. Además del respeto al derecho a la vida, la libertad y la propiedad, existen también principios de la moral que influyen decisivamente en la eficiencia dinámica. El primero de ellos es el ser dueños del fruto de nuestro tiempo, que no es otra cosa que el fruto de nuestro esfuerzo. Esto da lugar a valores como la disciplina, la constancia, la responsabilidad, controlar los impulsos, mantener la estabilidad y el compromiso familiar, los cuales inciden directamente en la capacidad de una sociedad para sostener procesos de creatividad y coordinación intertemporal.
No hace falta ser teólogos para identificar que estos valores están en el centro de nuestras sagradas escrituras y de toda la tradición judeocristiana en general. Por eso ustedes me van a ver citar recurrentemente a la Torá, al Tanaj y también a las Sagradas Escrituras y a la Biblia. Son los valores que nos inculcaron nuestros padres y que sus padres les inculcaron a ellos, pero que lamentablemente hoy son cada vez más escasos en las escuelas y los hogares, donde ha ganado terreno una mentalidad de dependencia crónica del Estado.
Estos valores morales son culturalmente necesarios para que el capitalismo de libre empresa florezca en vez de languidecer. Si desaparecen, el sistema se degenera. Si no, miren lo que está pasando en algunas partes del planeta. Pero su transmisión no ocurre sola. Depende de instituciones sociales como la familia, la religión y la tradición cultural. Por el contrario, la envidia, el facilismo, el ventajismo y el resentimiento sustentan la idea de ser dueños del tiempo ajeno para utilizarlo según nuestra propia voluntad.
Si los valores judeocristianos han sido una fuente inagotable de progreso, los antivalores de la izquierda terminan en el otro extremo: pobreza, miseria, subdesarrollo y asesinato. Habiendo probado que el sistema capitalista de libre empresa es justo, que es eficiente en términos estáticos y que además el planteo construido desde la lógica es superior al utilizado por la escuela neoclásica, y que además es dinámicamente eficiente, hemos probado que la forma de diseñar políticas económicas guiadas por los valores judeocristianos no sólo son justa, sino que además son eficiente y además, como si todo esto fuera poco, también tiene utilitarismo político porque favorece a la gran mayoría de la población. En la parte siguiente tengo una serie de cómo nosotros hemos aplicado estas políticas a lo largo de este tiempo que llevamos en el gobierno.
Yo no los quiero saturar con todo eso, pero voy a mencionar probablemente la más emblemática de todas las que hemos llevado a cabo, que es muy popular, que es la de la motosierra. "Afuera" es parte de la motosierra. "Afuera" es básicamente el hecho de que nosotros hemos reducido la cantidad de ministerios a la mitad, los cargos políticos en un 40%, hemos echado a 65.000 empleados públicos y hemos dado de baja un gran número de contratos que no tenían ninguna contraprestación más que favores políticos y cosas que no beneficiaban a nadie más que a los políticos.
Nosotros cuando llegamos al gobierno, Argentina tenía un déficit fiscal en el Tesoro de 5 puntos del PBI, un déficit en el Banco Central de 10 puntos del PBI, o sea, teníamos un déficit fiscal consolidado de 15 puntos del PBI, la inflación viajaba al 1,5% diario, y si hubiera mantenido esa tendencia, Argentina hubiera terminado teniendo una inflación del 17.000%. A la luz de la historia argentina, donde de las 22 crisis que tuvo a lo largo del siglo XX e inicio del siglo XXI, 22 crisis, 20 tuvieron origen de desequilibrio fiscal, el cual podía ser grande o, mejor dicho, en otros casos, obscenamente grande. Por lo tanto, la primera forma de cortar la emisión monetaria era cortar con el déficit fiscal, ya que Argentina no tenía acceso a los mercados como para financiarlo.
Ahora, al momento de decidir cortar el déficit fiscal, ahí entra en juego la moral. Es decir, la forma en la cual nosotros hicimos el ajuste fiscal y por qué lo hicimos, tiene una base moral. Porque si yo tengo déficit fiscal, una forma de hacerlo es tomando deuda. Supongan que dentro de un rato a mí se me ocurriera, o recién viniera de estar paseando por Nueva York, haber pasado por todos los negocios y los más caros de todos, haber derrochado un montón de plata, ahora no me dan las cuentas y digo ahora esta fiesta la pagan ustedes. ¿Qué les parecería? Vamos, me tienen que insultar porque es injusto.
Pero lo mismo es tomar deuda. La deuda es inmoral. ¿Por qué? Porque son impuestos futuros. Y es que la fiesta de la generación presente la paguen nuestros hijos, la paguen nuestros nietos, gente que no vota o gente que ni siquiera nació. Por lo tanto, financiar el déficit con deuda es inmoral. Y, de hecho, desde que nosotros llegamos al gobierno, la deuda bajó en un 10%. O sea, de 500 mil millones de dólares pasó a 450 mil millones de dólares. La otra alternativa era financiarlo con emisión monetaria. Pero la emisión monetaria genera inflación, genera degradación del dinero que tienen en los bolsillos. Es decir, es el impuesto inflacionario. Y, por ende, también es un robo porque implica una falsificación. Y implica además un engaño. Le están robando a los tenedores de dólares actuales. Por lo tanto, la emisión monetaria es un robo. Por lo tanto, también consideramos que no se podía emitir dinero para financiar el déficit. Por eso, a partir de la mitad del año 2024, la cantidad de dinero, es decir, la base monetaria, la que se imprime originalmente, ha quedado fija. Porque hemos decidido dejar de estafar a los argentinos con el impuesto inflacionario.
Entonces, no me puedo endeudar, no puedo emitir, ¿Qué haría cualquier político? Subiría los impuestos. Pero los impuestos son un robo. Serán legales, pero son ilegítimos. Y yo no estaba dispuesto a robarle a los argentinos subiéndoles los impuestos. Por lo tanto, la única vía de arreglarlo era quitarle los recursos al ladrón de recursos. Era hacer justicia y devolverles el dinero a los contribuyentes. Y, por ende, el ajuste se hizo todo sobre el gasto público. Y el ajuste que hicimos fue tan grande que no solo nos permitió eliminar el déficit fiscal de 5 puntos del PBI, sino que, además, pudimos bajar impuestos y devolverles el dinero a los argentinos por 2.5 puntos más. Es decir, le hemos devuelto a los argentinos entre el ajuste fiscal, la devolución de impuestos y haber arreglado la hoja de balance del Banco Central, 15% del PBI. Es decir, que le estamos devolviendo a los argentinos de bien 90 mil millones de dólares por año. Por eso me pareció que esta era la más emblemática de todas. Tengo todo un montón más. Si me llegan a hacer preguntas y demás, voy a contestar, pero para no saturarlos paso a las reflexiones finales.
A pesar de las críticas populares, el capitalismo de libre empresa no socava a la moralidad. Después de todo, el progreso económico vía el mecanismo de la mano invisible surgió de los sentimientos morales. Otro texto de Adam Smith abocado a la ética. Gracias al gran trabajo de Jesús Huerta de Soto en el desarrollo del concepto de la eficiencia dinámica y la demostración práctica que humildemente hemos hecho gobernando la Argentina, estamos en condiciones de afirmar: "el dilema entre eficiencia y justicia es falso". Esto es, los mercados no sólo son eficientes a nivel productivo, sino que además lo son, precisamente, en el nivel de que son justos.
Y, por ende, las políticas públicas deben estar guiadas por la ética y el respeto de los derechos individuales, eminentemente el derecho de la propiedad, no por el utilitarismo político que deriva en soluciones populistas y empobrecedoras. Siempre va a haber excusa para pisotear los derechos individuales en pos de un supuesto bien común. Es fundamental no escuchar ese canto de sirenas porque nos conduce a la perdición. Es decir, mantenernos estoicos frente al canto de sirenas de los populistas. Es decir, no vale todo por ganar un voto, todo tiene que ser hecho porque es justo. Por eso reitero, Maquiavelo ha muerto y es momento de enterrarlo. Por lo tanto, en este sentido, yo quiero señalar que no sólo defendemos entonces el capitalismo de libre empresa porque es eficiente, sino que lo defendemos esencialmente porque es justo. Y si nosotros volvemos a abrazar los valores de Occidente, es decir, la filosofía griega, el derecho romano, recuperamos la fuerza de los estoicos y abrazamos nuevamente los valores judeocristianos, vamos a hacer de nuevo grande a Occidente. Muchísimas gracias a todos.