08/28/2026 | Press release | Distributed by Public on 08/28/2026 13:13
Palabras del Secretario Ejecutivo de la CEPAL
José Manuel Salazar-Xirinachs
En la Conmemoración de los 60 años del Edificio de la CEPAL
28 agosto, 2026
Excelentísima Directora de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), señora Esther Kuisch Laroche
Distinguidos representantes del cuerpo diplomático y;
Representantes de organismos internacionales;
Autoridades académicas,
Rector de la Universidad San Sebastián, señor Carlos Williamson Benaprés;
un saludo a Juan Carlos de la Llera, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el cual lamentablemente no ha podido acompañarnos.
Señora Loreto Lyon, Decana de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad San Sebastián;
señora Rocío Hidalgo, representante de la Pontificia Universidad Católica;
Familiares de Emilio Duhart;
Señora Paula Santelices, hija del Óscar Santelices arquitecto colaborador de Emilio Duhart
Señoras y señores miembros del panel de conversación;
Saludos a toda la audiencia que nos sigue por streaming.
Estimadas y estimados colegas, amigas y amigos de la CEPAL:
Sean todas y todos muy bienvenidos a esta conmemoración de los 60 años del edificio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, un espacio que forma parte inseparable de la historia institucional de la CEPAL y, al mismo tiempo, de la historia colectiva de nuestra región.
Permítanme comenzar expresando nuestro más sincero agradecimiento a las instituciones académicas que han colaborado generosamente en la organización de este evento y en las numerosas actividades que han acompañado la celebración de este sexagésimo aniversario.
Agradecemos especialmente a la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad San Sebastián y al Archivo de Originales Sergio Larraín García-Moreno de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuyo valioso trabajo de investigación, recuperación documental y reflexión crítica ha permitido enriquecer nuestro conocimiento sobre esta obra excepcional y sobre el legado de su arquitecto, Emilio Duhart, y sus colaboradores: Christian de Groote, Roberto Goycoolea y Óscar Santelices.
Nos reunimos hoy para celebrar un edificio. Pero, en realidad, celebramos mucho más que una construcción.
Conmemoramos una idea.
Conmemoramos una visión compartida de América Latina y el Caribe.
Conmemoramos una historia de cooperación entre naciones.
Conmemoramos la voluntad persistente de nuestros países de dialogar, de pensar juntos y de construir respuestas comunes a los desafíos del desarrollo.
El tema que nos convoca, Arquitectura y Multilateralismo, nos invita precisamente a reflexionar sobre esa dimensión más profunda de esta sede.
Porque el edificio de la CEPAL no es solamente una destacada obra de la arquitectura moderna latinoamericana. Es también una representación física de un proyecto político e intelectual que nació de la convicción de que los problemas de nuestros países no podían enfrentarse desde el aislamiento, sino desde la colaboración.
La creación de la CEPAL, en 1948, respondió a una aspiración histórica de las naciones de América Latina y el Caribe: contar con un espacio propio para analizar sus realidades, comprender sus desafíos y formular propuestas acordes con sus necesidades y circunstancias. Desde sus orígenes, la Comisión fue concebida como un foro de cooperación internacional basado en el respeto mutuo, la búsqueda de consensos y la convicción de que el desarrollo constituye una tarea colectiva.
En ese esfuerzo fundacional confluyeron múltiples voluntades.
Confluyeron gobiernos de la región y de fuera de ella.
Confluyeron diplomáticos, economistas, intelectuales y servidores públicos.
Confluyó también el compromiso de Chile, país anfitrión de esta institución desde sus primeros años, que generosamente ofreció un espacio para que América Latina y el Caribe contara con una casa común desde la cual proyectar sus aspiraciones.
La historia de la CEPAL es, en buena medida, la historia de esa confianza depositada en el multilateralismo.
Una confianza basada en la certeza de que las diferencias entre las naciones no deben ser un obstáculo para la cooperación, sino un punto de partida para el diálogo.
Una confianza que ha permitido construir, a lo largo de décadas, una comunidad regional de pensamiento orientada a promover un desarrollo más productivo, más inclusivo, más sostenible y más justo.
Fue precisamente ese espíritu el que inspiró la construcción de este edificio inaugurado en 1966. Emilio Duhart comprendió que la sede de la CEPAL debía expresar materialmente la misión de la institución a la que serviría. Debía ser funcional, ciertamente, pero también simbólico. Debía ser un espacio para el trabajo cotidiano, pero también una representación de los ideales que animaban a la organización.
Duhart describió esta obra como una "Casa y Monumento". Ambas dimensiones siguen vigentes sesenta años después.
Es casa porque acoge. Porque recibe a quienes llegan desde todos los rincones de América Latina y el Caribe. Porque ofrece un espacio para el encuentro entre gobiernos, especialistas, representantes de la sociedad civil, organismos internacionales y múltiples actores comprometidos con el desarrollo de la región. Porque permite que personas con experiencias, visiones e intereses diversos se reúnan alrededor de una misma mesa para buscar soluciones comunes.
Y es monumento porque representa algo que trasciende a quienes lo habitan temporalmente.
Representa la memoria colectiva de nuestros pueblos.
Representa los esfuerzos de integración que han marcado la historia regional.
Representa la convicción de que las naciones pueden construir juntas un futuro mejor.
Representa, en definitiva, la permanencia de ciertos valores fundamentales: la cooperación, la solidaridad, el diálogo y la búsqueda de la justicia social.
La arquitectura posee una extraordinaria capacidad para expresar ideas. En este edificio cada espacio parece recordar que el desarrollo es una tarea de encuentro. Sus patios, corredores, plazas interiores y salas de reunión fueron concebidos para favorecer la conversación y el intercambio. No son simplemente elementos constructivos. Son una invitación permanente al diálogo.
Esta dimensión adquiere una relevancia especial en un momento histórico en que el multilateralismo enfrenta desafíos significativos en distintas partes del mundo. Vivimos una época marcada por transformaciones tecnológicas aceleradas, rivalidades y tensiones geopolíticas, crisis climáticas, incertidumbres económicas y profundas desigualdades sociales. Frente a estos desafíos resulta oportuno recordar una verdad sencilla pero poderosa: ningún país puede resolver por sí solo los grandes problemas de nuestro tiempo.
La cooperación sigue siendo una necesidad práctica y una exigencia ética.
En este contexto, adquieren especial significado las palabras de Hernán Santa Cruz, uno de los más destacados diplomáticos chilenos del siglo XX, impulsor de la CEPAL y figura clave en la construcción del sistema multilateral de las Naciones Unidas. Santa Cruz entendió tempranamente que el destino de las naciones estaba cada vez más interconectado y resumió esa convicción en una expresión que conserva plena vigencia: "cooperar o perecer".
No se trataba de una consigna retórica. Era una constatación histórica. Las sociedades avanzan cuando son capaces de construir acuerdos, generar confianza y reconocer intereses compartidos. Retroceden cuando prevalecen la polarización, la fragmentación, la indiferencia o el aislamiento.
La propia existencia de este edificio constituye una demostración de esa idea. Su construcción fue posible gracias a una convergencia de voluntades institucionales, nacionales y regionales. Es el resultado tangible de la cooperación entre actores diversos que compartían una visión común. Y precisamente por ello sigue siendo una metáfora poderosa de la integración a la que aspiramos.
A lo largo de seis décadas, esta sede ha sido escenario de algunos de los debates más importantes sobre el desarrollo de América Latina y el Caribe. Aquí se discutieron estrategias de industrialización, políticas sociales, procesos de integración económica, agendas de igualdad de género, compromisos ambientales, pactos fiscales, mecanismos de cooperación regional y propuestas para enfrentar las sucesivas crisis que han afectado a nuestros países.
Generaciones enteras de responsables de políticas públicas, investigadores, académicos y representantes sociales han cruzado estas puertas con la esperanza de contribuir a una región más próspera, inclusiva y democrática.
Por ello, cuando celebramos los sesenta años de este edificio, no estamos únicamente reconociendo su valor arquitectónico, por extraordinario que este sea.
Estamos reconociendo el valor de las ideas que representa.
Estamos celebrando una trayectoria de trabajo colectivo.
Estamos reafirmando una confianza en la capacidad de América Latina y el Caribe para construir acuerdos y proyectar un horizonte compartido.
Ese horizonte compartido sigue siendo indispensable. Nuestra región continúa enfrentando importantes desafíos de productividad, desigualdad, desarrollo social, sostenibilidad ambiental y fortalecimiento institucional. También enfrenta el desafío permanente de profundizar la integración regional y de fortalecer los mecanismos de cooperación que permitan aprovechar nuestras complementariedades y enfrentar conjuntamente nuestras vulnerabilidades.
La CEPAL ha sostenido desde sus orígenes que la integración es mucho más que un proceso económico. Es una forma de construir comunidad regional. Es una expresión de solidaridad entre países que reconocen una historia, desafíos y aspiraciones comunes. Es una herramienta para ampliar capacidades, fortalecer la resiliencia colectiva y aumentar las oportunidades de desarrollo para nuestros pueblos.
En ese sentido, este edificio continúa cumpliendo su misión original.
Sigue siendo un lugar donde las naciones pueden encontrarse.
Sigue siendo una casa para el diálogo.
Sigue siendo un espacio donde la diversidad de América Latina y el Caribe se transforma en una riqueza compartida y donde las diferencias encuentran cauces institucionales para la cooperación.
En un mundo donde con frecuencia predominan las fuerzas de la fragmentación, este edificio nos recuerda que la cooperación puede tomar forma concreta. Nos recuerda que la arquitectura puede convertirse en lenguaje político, en expresión material de valores compartidos y en una invitación permanente al diálogo.
La visión de Emilio Duhart de una "casa de las naciones en comunidad" sigue siendo profundamente actual. Porque la integración regional no es solamente un proyecto económico o institucional; es, ante todo, una forma de convivencia fundada en el reconocimiento mutuo, la solidaridad y la búsqueda de un futuro común.
Hoy, sesenta años después de su inauguración, la sede de la CEPAL permanece como una afirmación concreta de la importancia del multilateralismo. Sus muros, sus espacios y sus símbolos nos recuerdan que las grandes transformaciones requieren visión de largo plazo, perseverancia y voluntad de colaboración.
Que esta conmemoración sea también una oportunidad para renovar nuestro compromiso con esos principios.
Con la integración regional.
Con la cooperación entre naciones.
Con el diálogo como herramienta para construir consensos.
Con el crecimiento económico y la productividad, el desarrollo sostenible, la búsqueda de una mayor igualdad y el fortalecimiento de las instituciones como horizontes compartidos.
Y con la convicción, tan vigente hoy como cuando nació la CEPAL, de que el futuro de América Latina y el Caribe se construye mejor cuando lo hacemos juntos.
Muchas gracias.