07/29/2026 | News release | Archived content
NACIONES UNIDAS, Nairobi/HARARE, Zimbabwe - «Cada ser humano merece ser escuchado [para] comenzar a sanar cuando enfrenta cualquier forma de violencia», declaró Thulisiwe*, quien trabaja en un servicio móvil de respuesta a la violencia de género en Zimbabwe.
Como proveedora de servicios, Thulilsiwe presta especial atención a las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, intersexuales y queer ( comunidad LGBTIQ+). «Existe un miedo real entre las personas de la comunidad LGBTIQ+ de ser identificadas y luego victimizadas, especialmente aquellas personas que viven en áreas rurales con una intolerancia profundamente arraigada y rígida», explicó.
El centro móvil donde trabaja Thulisiwe cuenta con el apoyo del UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. Es uno de los ocho centros del UNFPA en el país que tienen como objetivo prevenir y abordar la violencia de género.
Este tipo de programas suelen brindar apoyo a mujeres y niñas, pero las personas LGBTIQ+ también enfrentan tasas extremadamente altas de violencia sexual y de género. El estigma, el personal poco capacitado y los protocolos obsoletos pueden incluso impedir que las y los sobrevivientes de esta comunidad intenten buscar ayuda y pueden empeorar su experiencia cuando denuncian la violencia.
«Esto afecta en si acceden a los servicios de apoyo esenciales, cuándo y cómo lo hacen», afirmó Thulisiwe. «He visto que esta lucha se manifiesta a través de la interposición tardía de denuncias, la divulgación limitada de información y una clara incomodidad durante el proceso de consulta».
En muchos países, las relaciones entre personas del mismo sexo están tipificadas como delito, las identidades de género no binarias no son reconocidas y aún no se han aplicado medidas contra la discriminación. La violencia contra las personas LGBTIQ+ puede incluso ser tolerada o fomentada, desde la llamada «violación correctiva» hasta el tratamiento psiquiátrico involuntario. Y a medida que la vida de las personas se traslada cada vez más al ámbito digital, las personas LGBTIQ+ también enfrentan riesgos específicos derivados de la violencia de género facilitada por la tecnología, como la revelación forzada de su orientación o identidad.
A través de su programa «Las Mujeres en el Centro», el UNFPA está mejorando la calidad de los servicios de gestión de casos para todas las personas sobrevivientes de violencia de género. La formación acreditada y el desarrollo profesional continuo están ayudando a los gestores de casos a cumplir con los estándares internacionales. Es fundamental para esta misión mejorar la seguridad y el tratamiento de las y los sobrevivientes de comunidades marginadas.
Aplicado actualmente en cuatro países, el programa «Las Mujeres en el Centro» proporciona a los trabajadores sociales habilidades como comunicación respetuosa, consentimiento informado, requisitos de confidencialidad, evaluación de riesgos y primeros auxilios psicológicos. Para garantizar la dignidad de las personas en toda su diversidad, los materiales de capacitación animan a los proveedores de servicios a respetar las identidades, preferencias y autonomía de las y los sobrevivientes.
Hasta la fecha, más de 400 trabajadores sociales han sido capacitados en estos aspectos y se ha brindado apoyo a más de 10.000 personas en riesgo de sufrir violencia o que ya la están sufriendo. «Eso está marcando una gran diferencia en la atención que reciben las y los sobrevivientes LGBTIQ+», declaró Thulisiwe.
«A la hora de ofrecer mis servicios, aprendí la importancia de un enfoque centrado en las y los sobrevivientes y basado en los derechos humanos», explicó. «Me alegra poder ser el cambio necesario en mi comunidad».
«Las Mujeres en el Centro» está desarrollando un nuevo plan de estudios diseñado mano a mano con quienes enfrentan las mayores barreras para acceder a los servicios. Como parte de este proceso, el programa completó recientemente una serie de consultas a nivel mundial con comunidades LGBTIQ+ y otros grupos.
«Queríamos actuar conforme a los valores fundamentales del programa "Las Mujeres en el Centro", identificando y recompensando a personas marginadas con experiencia en programas sobre violencia de género que pudieran aplicar sus conocimientos al diseño y contenido del plan de estudios», explicó Erin Gerber, especialista del UNFPA a cargo del programa «Las Mujeres en el Centro».
Además de plantear preocupaciones específicas, los miembros de las comunidades LGBTIQ+ propusieron soluciones. Por ejemplo, señalaron el riesgo de que revelar detalles sobre su identidad podría dar lugar a detenciones u otras consecuencias legales, lo que llevó a recomendaciones sobre prácticas seguras de documentación, así como a la prestación de servicios remotos y anónimos.
También destacaron las diversidades dentro de su comunidad: las necesidades de las personas transgénero a menudo son distintas de las de las personas intersexuales, por ejemplo, y las necesidades de las personas LGBTIQ+ con discapacidad suelen ser diferentes de las de las personas LGBTIQ+ indígenas. En respuesta, el plan de estudios incluye opciones para co-diseñar servicios con asociados locales LGBTIQ+.
«La creación conjunta del plan de estudios significaba dejar de ver a estas comunidades como objetos de investigación o como destinatarias de rescate y reconocerlas como personas y, por lo tanto, como productoras de conocimiento», explicó María de las Nieves Puglia, la consultora del plan de estudios que organizó muchas de las consultas.
«El compromiso no se limitó a recibir aportaciones», apuntó la Sra. Puglia. «Las comunidades también revisaron y modificaron activamente el plan de estudios, que ahora se encuentra en las etapas finales de desarrollo».
*Se ha cambiado el nombre por motivos de privacidad y protección