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08/04/2026 | Press release | Distributed by Public on 08/04/2026 02:33

El peor mes de julio de la historia en incendios forestales exige un cambio urgente para priorizar la prevención

Julio deja 15 víctimas mortales, cerca de 80 000 personas desplazadas de sus hogares o confinadas, más de 168 000 hectáreas arrasadas y 26 grandes incendios forestales, así como un grave impacto en la biodiversidad.

El pasado mes de julio dejó una huella imborrable en el histórico de incendios forestales en España, elevando el tono de esta problemática a una emergencia social y ambiental sin precedentes.

Según los últimos datos disponibles del Sistema de Información Europeo sobre Incendios Forestales (EFFIS), WWF España recoge un balance dramático del mes: 15 víctimas mortales, unas 115 000 personas desplazadas de sus hogares o confinadas, más de 168 000 hectáreas arrasadas y 26 grandes incendios forestales; espacios naturales gravemente afectados y un impacto en la biodiversidad de la península.

Los incendios en Los Gallardos, La Mierla, Sierra Oeste de Madrid, Espadán o Ávila han confirmado que la nueva era de incendios forestales ya es una realidad. Este último, se sitúa como el más grande de la historia, con más de 50 000 hectáreas arrasadas en solo cinco días y que, dada su magnitud y virulencia elevó por primera vez un incendio forestal a emergencia nacional.

A la vista de los últimos datos disponibles, el mes de julio de 2026 marca un cambio de paradigma sobre los incendios forestales en cuanto a superficie afectada, número total de siniestros, extensión y gravedad de grandes incendios forestales, afección a la población y simultaneidad de incendios extremos.

De media al año se queman 126 000 hectáreas en España y, según EFFIS, solo durante el pasado mes de julio ardieron más de 168 000 hectáreas, un 15 % más de lo que se quema de media durante todo un año. Este dato supone la mayor superficie registrada en al menos treinta años, convirtiéndose en el peor mes de julio de toda la serie histórica desde 2003.

En lo que va de año se ha quemado un 73 % más que la media del periodo, con 218 000 hectáreas afectadas por incendios forestales. Respecto al número de grandes incendios forestales, aquellos que queman más de 500 hectáreas, se han registrado 38 GIF de enero a agosto, cuando la media anual suele situarse en unos 23. De ellos, 26 han ocurrido solo en el mes de julio, lo que supone más del doble que la media para este mes en la serie histórica.

Agravantes de la crisis: calor extremo, viviendas en la interfaz urbano-forestal y falta de gestión del paisaje agroforestal

El balance de los incendios forestales está claramente marcado por una serie de factores que han agravado la crisis entre los que destacan los efectos adversos de la emergencia climática. Según la AEMET, el mes de julio ha sido el más cálido -junto con julio de 2022-desde que existen registros con una temperatura media diaria de 25,6 ºC, superando en 2,6 ºC la media registrada de 1991 a 2020.

Según el último estudio de atribución rápida sobre las condiciones meteorológicas que favorecen los grandes incendios forestales en España y Francia llevado a cabo por la World Weather Attribution (WWA), la conclusión es clara: el cambio climático aumentó de forma muy significativa la probabilidad de que se produjeran las condiciones que han alimentado los incendios extremos.

Este estudio explica que el riesgo de incendios extremos en julio de 2026 ha sido consecuencia de la combinación de varios factores climáticos: un invierno húmedo que favoreció un fuerte crecimiento de vegetación, una primavera muy seca y cálida que secó rápidamente ese combustible, varias olas de calor durante junio y julio, una intensa sequía que ha disminuido la humedad del suelo y episodios de viento que favorecieron la propagación de los incendios.

Concretamente en el centro de España, las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios extremos han sido, al menos, 20 veces más probables que en un clima sin calentamiento antropogénico. Además, según los investigadores no se trata de un episodio aislado, sino que se espera que pueda repetirse aproximadamente una vez cada seis años en el clima actual del centro peninsular.

Otro de los factores agravantes de esta crisis ha sido la vulnerabilidad de las viviendas situadas en la interfaz urbano forestal, separadas de los núcleos urbanos e integradas en el monte. Se trata de un tipo de vivienda muy extendida en España y con grandes carencias en cuanto a planes de autoprotección; de hecho, se estima que el 80 % carece o no aplican planes de autoprotección. Desde su informe "Fuego a las puertas" publicado en 2017, recordamos que las personas que viven en estas zonas están obligadas legalmente de preparar sus viviendas y parcelas mediante franjas de seguridad, una adecuada gestión de la vegetación y otras medidas de autoprotección.

Por último, este mes ha confirmado que los paisajes son cada vez más inflamables y que la falta de gestión del territorio supone un factor de riesgo que hay que abordar desde la prevención. WWF explicaba en su informe "Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio" que entre las causas principales de los incendios están la escasa inversión en prevención, el arraigado uso del fuego en el entorno rural y el abandono del paisaje agroforestal, así como la ausencia de gestión forestal y la nula planificación territorial.

Soluciones ante una emergencia cada vez más frecuente: acción política, prevención y restauración ecológica

Ante la gravedad de esta situación, pedimos a todas las fuerzas políticas que vayan un paso más allá y transformen el consenso en una acción política efectiva sobre prevención y coordinación a través de un acuerdo estable, financiado y aplicable en todas las comunidades autónomas. Ahora más que nunca, es necesario un pacto de estado frente a la emergencia climática.

Además, junto con otras entidades entre las que se encuentra Pau Costa, insistimos en la necesidad de poner en marcha un plan de prevención con cinco compromisos: gestionar cada año como mínimo el 1 % de la superficie forestal, destinar como mínimo 1000 millones de euros anuales a la gestión y protección del territorio, apoyar a agricultores y ganaderas que mantienen vivo y diverso el medio rural, proteger mejor los pueblos y preparar a la ciudadanía, así como coordinar las políticas públicas y hacer un seguimiento de estas.

Por último, y enfocándose en la pérdida de hábitats y biodiversidad agravada por los incendios forestales, reclamamos a todas las administraciones un ambicioso plan de restauración ecológica basado en el conocimiento científico, la coordinación institucional y la participación social para recuperar los ecosistemas y hacerlos más resilientes frente a futuros incendios.

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