01/21/2026 | Press release | Distributed by Public on 01/21/2026 05:46
Tengo el honor -que agradezco profundamente- de comparecer ante sus señorías con motivo del cuadragésimo aniversario de la adhesión de España a las Comunidades Europeas. Y tengo el enorme placer de hacerlo junto a mi querido y admirado Presidente Marcelo Rebelo de Sousa −de la República de Portugal, nuestro país hermano. Juntos, demos um passo histórico, um passo mais, na nossa longa história partilhada.
Pero permítanme agradecer también de manera extraordinaria y muy sentida, en nombre de todos los españoles, las muestras de afecto que estamos recibiendo estos días, de tantas autoridades, instituciones y ciudadanos anónimos de tantos lugares −especialmente de los países de la Unión−, a raíz del terrible accidente ferroviario que tuvo lugar el pasado domingo, ya de noche, en el municipio de Adamuz, provincia de Córdoba. Dentro del dolor inmenso por tantas personas que perdieron la vida, por los que resultaron heridas y por sus familias, esas expresiones de apoyo y de cercanía nos reconfortan y nos refuerzan en el espíritu y sentimiento europeo que es nuestro gran patrimonio compartido.
Señorías,
Les hablaré de cómo, en estas cuatro décadas, mi país −España− ha cambiado y ha crecido; y de cómo ha contribuido al cambio y al crecimiento de Europa. Esa historia me es muy familiar, porque es la mía; la mía y la de millones de españoles y europeos partícipes de un proyecto de convivencia que nos ha hecho, a todos, más libres, más prósperos, e incluso más fuertes. Es esa la grandeza de la Unión.
Permítanme, pues, que empiece a hablarles en clave retrospectiva. Madrid, 12 de junio de 1985: ese día, en la sala de columnas del Palacio Real, se firmó el Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas.
Al día siguiente, los medios celebraban nuestra incorporación a un marco político, económico y social en el que nuestro país se reconocía, al que aspiraba… y del que una guerra civil, seguida de cuatro décadas de dictadura, le había separado. No se celebraba, por tanto, una adhesión; sino un reencuentro.
Pero ese día, la feliz noticia de nuestro regreso a Europa compartía las portadas con la terrible noticia de dos atentados de la banda terrorista ETA, con 4 víctimas mortales. Esa era, también, la durísima realidad de la época. Quiero, en esta casa de los europeos, rendir homenaje a todas las víctimas del terrorismo, del odio y de la violencia. Sobre esa trágica memoria, y para no volver atrás, hemos construido, los europeos, nuestro proyecto de concordia.
Señorías,
No hay ciudadanía sin la plena conciencia de que habitamos un mismo espacio político, y de que cualquier fenómeno que afecte a una parte de ese espacio, nos está afectando a todos. Nuestra fuerza es nuestra unidad: qué importante es, en estos tiempos, recordarlo.
La pertenencia a Europa ha sido un factor decisivo en la transformación de España. Si somos, hoy, una de las democracias más sólidas y avanzadas del mundo; si nuestra economía lidera el crecimiento de la eurozona; si nuestro PIB per capita se ha duplicado desde la adhesión; si estamos en vanguardia en el ámbito de las telecomunicaciones y generamos más de la mitad de la energía de fuentes renovables, ha sido gracias, en gran medida, al proceso de modernización que hemos experimentado en y con Europa.
"...hoy, 40 años después de la adhesión a las Comunidades Europeas y transcurrido medio siglo del inicio de nuestra transición a la democracia, España se reconoce por entero en el proyecto de construcción de este gran espacio que es la Europa unida, en el que la libertad y la cohesión social se dan la mano..."
Pero este proceso de cambio ha sido recíproco. También España ha contribuido -incluso liderado- la construcción europea en muchos ámbitos. Pienso en la ciudadanía, la política de cohesión, el desarrollo del pilar social, el espacio de libertad, seguridad y justicia, el reciente recurso a mecanismos de deuda mancomunada, la vecindad sur/Med o -junto con Portugal- el énfasis en la relevancia estratégica de América Latina y el Caribe.
Esa es la España transformada por Europa y la España transformadora de Europa. Seamos conscientes de lo que esto significa; seamos conscientes de la responsabilidad que conlleva preservar estos logros. Porque la situación que atraviesa Europa exige el compromiso de todos. No podemos dar Europa -la Unión Europea- por descontada.
Los europeos solemos ser muy críticos con el desempeño de las instituciones europeas, las instituciones comunitarias. Tampoco es raro, en nuestros días, oír comentarios sobre la debilidad de la Europa unida, su idealismo trasnochado, su desconexión de la realidad. El ejercicio de la crítica es un signo de que la democracia funciona, y es positivo en la medida en que nos haga progresar. Pero algunas críticas ponen en jaque nuestros principios y valores, aquellos sin los cuales Europa volvería a ser una mera noción geográfica. Y ahí -en la desmemoria de lo que ha supuesto la construcción europea- está nuestra mayor amenaza.
Nunca como en estos tiempos oscuros, ha sido la idea de Europa tan necesaria. Porque la Europa que queremos, aquella por la que luchamos, representa la búsqueda de la razón; y en esa búsqueda escribimos nuestra Historia.
Esa Europa es la que, en días convulsos, se mantiene como un referente ético y político. Un espacio de libertades y de justicia social, donde la educación y la sanidad son derechos; donde se trabaja por la igualdad, la cohesión y la inclusión; donde la inversión, la innovación y la creación de empleo se protegen y promueven. Donde los ciudadanos podemos viajar, establecernos, educarnos, trabajar o comerciar, sin más límite ni frontera que el que fijemos para nuestros propios proyectos vitales. Donde también nuestras lenguas, culturas, tradiciones y tantos aspectos de nuestra identidad están hoy mejor preservados.
Preguntémonos qué otras regiones del mundo tienen tan enraizada, tan incorporada a su ser, esta noción del bien común, y en la respuesta hallaremos la mejor reivindicación de la Europa unida.
En política exterior, esa Europa es la que defiende las soluciones basadas en normas y el diálogo como cauce para resolver conflictos y promover la paz, la estabilidad y la cooperación. O la que no puede aceptar -ni mucho menos avalar- planteamientos geopolíticos de otra época como si fueran signos de un tiempo nuevo.
Señorías,
Los tiempos que corren nos recuerdan, con demasiada frecuencia, que la fuerza sin principios equivale a la barbarie y que los meros principios, sin acciones que los respalden, conducen a la frustración y al desencanto.
Así que sigamos trabajando en nuestra defensa, en nuestra autonomía estratégica, en el refuerzo del pilar europeo dentro de la Alianza Atlántica. Es una necesidad inaplazable. Y, al mismo tiempo, es la mejor manera de preservar un vínculo trasatlántico basado en el respeto y la lealtad que tanto nos ha aportado a todos. Sin ese vínculo estaremos abocados a un mundo mucho más incierto, mucho más inestable y mucho más peligroso.
Seamos audaces, también, en nuestras políticas internas, evitando la burocracia y el exceso regulatorio. Afrontemos el reto de la productividad, de la innovación, de la IA. La pandemia dio prueba de lo que podemos hacer cuando trabajamos juntos, cuando aprovechamos las fortalezas de cada estado miembro. Lo dije, hace unos meses, en la clausura del curso del Colegio de Europa: "que nadie subestime la capacidad de los europeos de responder a sus desafíos".
Hoy, 40 años después de la adhesión a las Comunidades Europeas y transcurrido medio siglo del inicio de nuestra transición a la democracia, España se reconoce por entero en el proyecto de construcción de este gran espacio que es la Europa unida, en el que la libertad y la cohesión social se dan la mano.
Por eso, en nombre de todos los españoles -pensando, en particular, en los más jóvenes- y en esta casa de todos los europeos, hago votos por que sigamos defendiendo, alimentando y haciendo crecer ese valioso legado.