Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

04/13/2026 | News release | Distributed by Public on 04/13/2026 15:32

Estudio proyecta mayor presión hídrica en el centro-sur con...

La disponibilidad de agua en el centro-sur de Chile enfrenta un escenario más exigente en las próximas décadas. Así lo advierte una investigación desarrollada por expertos de Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales (Ceres), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Siegen (Alemania), que analizó el comportamiento de la cuenca del río Achibueno, en la Región del Maule, bajo distintos escenarios climáticos futuros.

El estudio "Impact of Future Climate Scenarios and Bias Correction Methods on the Achibueno River Basin", publicado en la revista Water (MDPI), estima que entre 2025 y 2050 las lluvias serán más irregulares y tenderán a concentrarse en periodos breves. Esto aumentaría la ocurrencia de eventos intensos como crecidas e inundaciones, junto con periodos más extensos de escasez hídrica. A este escenario, se suma un incremento sostenido de las temperaturas, en particular de las mínimas, con impactos directos en el comportamiento del ciclo del agua.

"Las proyecciones indican que la frecuencia e intensidad de las precipitaciones tienden a ser irregulares. Es decir, a pesar que algunos años presentan aumentos en las precipitaciones, hay años que presentan valores bajo el promedio histórico", señaló el investigador de la Línea de Cambio Climático de Centro Ceres, Héctor Moya. El especialista agrega que "el alza de las temperaturas incrementará la evapotranspiración. En términos prácticos, se libera más agua hacia la atmósfera, lo que reduce la disponibilidad efectiva durante los meses de mayor demanda agrícola".

Las proyecciones muestran que aunque en ciertos momentos del año especialmente en invierno podría haber más agua disponible, esto no garantiza su disponibilidad en los periodos de mayor demanda. En primavera y verano, cuando los cultivos requieren más agua de riego, esta situación podría aumentar la presión sobre el recurso en un contexto de mayor variabilidad climática.

El estudio se basa en modelamiento hidrológico, lo que permite simular la respuesta de la cuenca frente a distintas prácticas de manejo agrícola y escenarios climáticos. Además, al incorporar métodos de corrección de sesgos climáticos se pueden mejorar la precisión de las proyecciones futuras. Los resultados coinciden en que el principal cambio no será únicamente la variación en la cantidad de agua disponible, sino también en su distribución en el tiempo.

Cuenca del río Longaví

Además del efecto de las variaciones climáticas en la cuenca, se suma el impacto del uso del suelo en la disponibilidad de los recursos hídricos. Investigaciones complementarias en la cuenca del río Longaví, en la misma región, muestran una reducción sostenida en la disponibilidad hídrica durante las últimas décadas.

"No solo han disminuido las precipitaciones, sino también la escorrentía superficial, el flujo lateral y la recarga de aguas subterráneas. Al mismo tiempo, la variación en la dinámica de uso de suelo ha contribuido al aumentado en la evapotranspiración de la cuenca del río Longaví. Hoy circula y se almacena menos agua que hace 30 años", explicó Moya.

El investigador advierte que la expansión de la agricultura irrigada y las plantaciones forestales han incidido en estos cambios. "La agricultura intensiva, especialmente bajo sistemas de riego tradicionales, aumenta la extracción de agua y reduce la recarga de los acuíferos, lo que incrementa la presión sobre ríos y napas subterráneas", afirmó.

Frente a este escenario, los estudios plantean la necesidad de ajustar las estrategias de gestión hídrica y productiva. "Si no se implementan cambios en la forma de producir y gestionar el agua, la disponibilidad hídrica seguirá disminuyendo", advierte el investigador. Entre las medidas propuestas se incluyen la modernización de sistemas de riego, la protección de zonas de recarga de aguas subterráneas y una planificación agrícola acorde con la disponibilidad real del recurso.

"Pensar el cambio climático como algo futuro es algo equivocado, la variabilidad climática es una condición actual. La pregunta ya no es si afectará a la agricultura, sino cuánto y qué tan preparados estamos", señala Moya. En esa línea, agrega que el uso de modelos y proyecciones permite anticipar escenarios y tomar mejor informadas: "Esto abre la posibilidad de avanzar hacia una agricultura más eficiente, resiliente y adaptada a las condiciones de cada territorio".

Por Danny Ramírez

Centro Ceres

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